martes, 18 de abril de 2017

8. 6. Oraciones a San Damián de Molokai y Eucaristía en su día el 10 de mayo.

Oraciones:

Damián,
hemos conocido tu historia,
como te hiciste misionero
para llevar el alegre mensaje
de Jesús a Hawaii.

Damián,
tu fuiste a Molokai
a compartir la suerte de la gente
más abandonada, los leprosos.
Fuiste especialmente a cuidar a cada una
de estas asustadas personas.
Sobre todos los niños encontraron en ti
un padre y un protector.

Damián,
para nosotros tu inmenso amor
por los niños leprosos es tu mejor intercesión;
así podremos ayudarnos mutuamente
y no rechazar a nadie;
así podremos tendernos la mano
para construir un mundo
donde la tolerancia venza al odio,
donde la justicia triunfe sobre la injusticia,
donde el fuerte ayude a levantarse al débil;
un mundo donde los hombres
estén cerca los unos de los otros
como portadores de felicidad y paz.

Paul Macken ss.cc.



Tú lo dejaste todo
para responder a la llamada del Señor
que, sin cesar, envía obreros a su mies.
Te dejaste conducir por el Espíritu Santo
que hizo de ti un testigo
de la ternura y la misericordia de Cristo
para cualquier hombre.

Como María, la humilde sierva del Señor,

en el Corazón de Cristo,
has descubierto el amor del Padre de quien nadie nos puede separar.
En el ardor del Amor,
te convertiste en servidor de los más pobres
y por ellos diste tu visa hasta el final.

Damián, hermano nuestro, escucha nuestra oración.

Preséntala al Señor
para que Él vele por nuestra familia religiosa
a la que tú tanto amaste.
Que Él la haga crecer en número
y crecer en la fidelidad a su vocación.

Damián, ruega por nosotros.

Que vivamos felizmente,
en la Iglesia y para la vida en el mundo,
nuestra congregación religiosa,
y que se refuercen los vínculos de nuestra comunión fraterna.

Damián, ruega por nosotros.

Que sepamos acoger, amar y formar
a todos los que el Señor nos envíe
para, con nosotros, contemplar, vivir y anunciar su Amor.

Damián, ruega por nosotros.

Que entreguemos con alegría nuestra vida, como tú,
siguiendo a Jesús, el amigo de los pequeños y los débiles.


Para que por Él, con Él y en Él,
en la unidad del Espíritu Santo
todo honor y toda gloria sean dados al Padre
por los siglos de los siglos. Amén


Dios, Padre Nuestro,
Tú nos has manifestado tu amor en tu Hijo Jesús,
que ha venido para servir y entregar su vida.
Te damos gracias por las maravillas que has realizado
en la vida de San Damián de Molokai.

Escuchó la llamada de Jesús
y, a imitación suya, entregó su vida
por los más pobres, los enfermos de lepra.
Él les devolvió el orgullo de ser hombres.

Animados por su ejemplo y confiados en su intercesión,
nos acercamos a Ti,
con nuestros sufrimientos, nuestras penas
y nuestra esperanza.

Que el Espíritu Santo abra nuestros corazones
a la miseria del mundo;
entonces, como Damián,
nosotros podremos descubrirte en los marginados
y manifestar así tu amor a todos los hombres.

Bendito seas, Padre lleno de ternura y de amor,
tú que eres nuestro Dios desde siempre
y para toda la eternidad. Amén. (Cardenal Danneels).

Dios, Padre Nuestro,
Te damos gracias por habernos dado al Padre Damián.
En é hemos visto hasta qué punto amas a los pobres.
Con su vida y su muerte,
Nos enseñó que tú no desatiendes a nadie,
y que para tus ojos no hay situaciones imposibles.
Aquel que camina tras las huellas de Jesús,
Puede creer y esperar todo,
y nunca perderá el valor.

Concédenos
esperar contra toda esperanza.
Consuela a nuestras hermanas y hermanos
Que sólo tienen una leve esperanza de curación.
y otorga tu fuerza a aquellos que
como Damián,
quieren vivir y morir a su servicio. Amen.


Dios Padre nuestro,
inspirados por las enseñanzas y las obras de tu hijo Jesús,
el Padre Damián se dio sin reservas a la vocación recibida:
anunciar tu amor infinito y misericordioso a la humanidad.
Así buscó identificarse con los más vulnerables y rechazados.
Se entregó sirviendo a todos los que estaban bajo su cuidado;
Llevó sus sufrimientos en su corazón,
y en su propio cuerpo,
llevando amor a los desamados,
esperanza a los desesperados.

Él abrió sus corazones para comprender que Tú eres Padre de todos
y que nunca abandonas a tus hijos.
Acudimos a san Damián como un faro que alumbra el camino de tu Reino.
Te damos gracias por su vida, su fe, su coraje y generosidad.
Enséñanos a vivir como el hizo, con el poder de tu Hijo,
Jesucristo Salvador. Amén.



Bendito seas, Señor, por los testigos
de tu amor sin preguntas ni medida,
los que a la vera de todos los caminos
se paran a curarte las heridas.

Como Damián, tu servidor y amigo,
que no volvió su rostro ante el espanto
de tu cuerpo sufriente y malherido,
de tus llagas amargas, de tu llanto.

Señor, tú estabas leproso y te cazaron
como a las alimañas de los montes,
y en un infierno ausente te arrojaron
para olvidar tu rostro y tus hedores.

Pasó Damián, el buen samaritano,
miró de frente y sin temor tu lepra,
y besando tus llagas como hermano
halló su propia cruz en esa entrega.

Señor, tú estás a la vera del camino
esperando una mano compasiva,
que hoy sepamos en cada hermano nuestro
sanar tu soledad y tus heridas.

En Damián, grano de trigo fértil,
en Molokai sembrado y triturado,
el Padre bueno, el Hijo y el Espíritu
por siempre sean benditos y alabados. Amén. (Guillermo Rosas ss.cc.).

Damián, tú oíste la llamada
y, como el Cristo,
diste tu vida
a favor de los pobres
y de tus hermanos más abandonados.


Abre nuestro corazón a la miseria del mundo
para que, siguiendo tu ejemplo,
podamos acoger
a todos aquellos y aquellas
que hoy están excluidos;
que puedan así descubrir algo del amor
de aquel que es su Padre y nuestro Padre

por los siglos de los siglos.

Damián, tú eras como cualquiera de nosotros
hasta el día en que, a través de los acontecimientos,
oíste la llamada de Jesús:
amarle hasta el final

en la persona de tus hermanas y hermanos leprosos.

Ayúdanos a crecer
hasta el día en que, también en nosotros,
la llamada resuene...
Enséñanos a distinguirla
entre los otros ruidos del mundo...
Enséñanos a dar lo mejor de nosotros mismos,
el amor que nos lleva a besar al leproso
que el Señor Jesús nos pone en el camino. Amén.


Si apartas la mirada del leproso,
el leproso no es él –
el leproso eres tú.

Si no tiendes la mano,
el leproso no es él –
el leproso eres tú.

La verdadera lepra consiste en no amar.
Tú lo sabes, Damián.
Tú lo has vivido, tú lo has probado –
¡Apóstol de la caridad!

En el fondo de todo corazón egoista
Habita el virus de la lepra
que roe, seca y mata.

En el fondo de todo corazón que ama,
Muere el virus de la lepra –
el amor, la vida pueden germinar.-

La lepra continúa sus estragos,
y se apodera de los rostros:
la marginación, el sida, el desempleo.

Ella te llama –
¿Volverás el rostro,
cerrarás tus manos, tus brazos,
no abrirás tu corazón?-

La verdadera lepra consiste en no amar.
Tú lo sabes, Damián.
Moriste leproso
Porque no padecías esta otra lepra
¡Mártir de la caridad!


Dios, Padre nuestro,
Tú nos has manifestado tu amor
en tu Hijo Jesús
que ha venido para servir y entregar su vida.
Te damos gracias
por las maravillas que has realizado
en la vida de San Damián de Molokai.

Escuchó la llamada de Jesús
y, a imitación suya, entregó su vida
por los más pobres, los leprosos.
El les devolvió el orgullo de ser hombre.

Animados por su ejemplo
y confiados en su intercesión,
nos acercamos a Ti,
con nuestros sufrimientos, nuestras penas
y nuestra esperanza.

Que el Espíritu Santo abra nuestros corazones
a la miseria del mundo; entonces, como Damián,
nosotros podremos descubrirte en los marginados
y manifestar así tu Amor a todos los hombres.

Bendito seas,
Padre lleno de ternura y de amor,
Tú que eres nuestro Dios desde siempre
y para toda la eternidad.

Amén. (Parroquia de los Sagrados Corazones – Madrid, España).


Oh Jesucristo, Salvador nuestro, que dijiste:
Cualquier servicio que presten a un necesitado es como si me lo hicieran a mí,
dígnate volver tus ojos bondadosos hacia tu seguidor San Damián.
Acuérdate cómo, renunciando a todas las comodidades,
se ofreció generosamente para servir a los leprosos de Molokai,
sepultándose con ellos en vida.

Recuerda cómo se consagró por completo a curar sus heridas,
dándote a conocer y llevándoles tu consuelo,
haciendo que te amaran con todo el corazón.
Recuerda por fin cómo, víctima de un celo ardiente,
experimentó en su propia carne el mal, en aquel entonces incurable, de la lepra.

Por el corazón de tu Madre inmaculada, te rogamos, oh buen Jesús,
concedas a tu heroico apóstol todo cuanto él te pida ahora por nosotros en el cielo:
- consuelo para los que lloran y fuerza para los que sufren;
- curación para los enfermos y alimento para los que padecen hambre;
- liberación para los perseguidos y encarcelados, la vuelta a su casa para los emigrantes, la salvación para los moribundos.
- a los que aún no creen en ti, la gracia de llegar al conocimiento pleno de la verdad.
Oh Jesús, escucha compasivo los ruegos de San Damián. Amén.


Dios Padre nuestro,
te damos gracias por el Padre Damián,
quien, para seguir incondicionalmente a tu Hijo Jesucristo,
se ofreció para ir a Molokai con los leprosos marginados,
identificándose con ellos hasta la muerte.

Con la entrega de su vida, les devolvió la dignidad humana
y les dio un futuro. Y en él manifestaste cuánto nos amas, a todos los hombres.

Te pedimos que tu Espíritu nos mueva a seguir sus huellas y a tener una fe como la suya.
Abre nuestros ojos y nuestro corazón a aquellos que no cuentan, que son marginados,
para que, por medio de nosotros, te descubran.
Haz que muchos sigan el camino que él nos señaló.

Te lo pedimos a ti, Dios bueno, que no cesas de amarnos,
hoy y  todos los días, hasta la eternidad. Amén.


Bendito eres, Damián,
que amaste a los leprosos hasta dar la vida. Bendito, por tu fidelidad en lo grande y lo pequeño.
Bendito, porque desde tu lecho de enfermo fuiste voz que conmovió el universo.
Bendito, porque desde tu lepra fuiste clamor de los leprosos del mundo.

Bendito tu camino de amor, tu infinita ternura, tu trabajo incansable. Benditas tus manos que consolaron, tus labios que alentaron, tus ojos que vieron en las llagas de los leprosos las heridas del mismo Cristo.

Bendito tú, que sigues invitando al canto y a la esperanza,
a todos los sufridos del mundo, sea cual sea la enfermedad física, moral o social que sufran. Amén.


San Damián, Jesús te llamó
a evangelizar a los leprosos
y te contagió del mismo amor que habitaba en su Corazón.
Fuiste su siervo fiel, llevando una vida-modelo de abnegación y paciencia.
Una vida hecha de amor heroico a los más despreciados de los hombres,
- cuyos derechos estuviste pronto a defender,
- aun a riesgo de tu vida,
- hasta el momento supremo de la muerte.
Con tu vida y tú obra misionera, manifestaste toda la ternura y misericordia que Jesús nos tiene.
Sirviendo incansablemente a los leprosos, les devolviste el orgullo de ser hombres y nos desvelaste la belleza de nuestro ser interior,
- que ninguna enfermedad,
- ninguna deformidad,
- ninguna debilidad pueden desfigurar totalmente.

Dirige ahora hacia nosotros una mirada compasiva y escucha nuestra súplica confiada.
Que el Espíritu Santo abra nuestro corazón a la miseria del mundo, haciéndonos descubrir a Jesús en los marginados.
Haz que Jesús nos conceda el amor ardiente de su amante Corazón.
Que, por ti, Damián, lleguen hasta él nuestras súplicas
de modo que podamos experimentar, en medio de las adversidades, la ayuda de su misericordia. Amén.


Miro tus manos, Damián.
Son manos gastadas, hinchadas y torpes ya. Así son al final...
Pues se fueron gastando en tantas cosas hechas por ellas...
Fueron trabajo y obra.

Poco a poco, al impulso de tu corazón grande,
fueron transformando ese lugar destrozado de Molokai en algo lindo: en esperanza.
Fueron transformando tantos corazones en vivencias del Reino.
Con tus manos enfermas, Damián, en la eucaristía, ofrecías Cristo al Padre,
Cristo con sus manos traspasadas, clavadas.
Tus manos, Damián, imitando esas manos de Cristo,
estuvieron abiertas a la acogida, al perdón y al amor.

Pero, cuando meditabas el Evangelio, veías como Cristo,  con sus manos, curaba a los enfermos y hacía tantos milagros.
¡Cuánto hubieras dado por tener ese mismo don de sanar a los leprosos!

Tu decisión y entrega a los pobres leprosos fue el gran milagro que nos dejaste.
Gracias, Damián, no hallaste curación para las lepras físicas, pero nos dejaste algo mejor: el ejemplo de un amor que transfigura los males de este mundo.


NOVENA A LOS SAGRADOS CORAZONES POR  INTERCESIÓN DE SAN DAMIÁN DE VEUSTER.

“Vean pues, que Dios no nos abandona nunca, ni en lo temporal ni en lo espiritual, tengamos siempre confianza en Él.” San Damián de Molokai.

Oraciones:
Bendito eres, san Damián, que amaste a los leprosos hasta dar la vida. Bendito, por tu fidelidad en lo grande y lo pequeño, en la Eucaristía y la oración, en el trabajo y cuidado. Bendito, porque desde tu lecho de enfermo fuiste voz que conmovió el universo.  Bendito, porque desde tu lepra fuiste clamor de los sufrientes del mundo.

Bendito tu camino de amor, tu infinita ternura, tu trabajo incansable.  Benditas tus manos que consolaron, tus labios que alentaron, tus ojos que vieron en las llagas de los leprosos las heridas del mismo Cristo al que serviste por amor.

Bendito tú, que sigues invitando al canto y a la esperanza, a todos los sufridos del mundo, sea cual sea la enfermedad física, moral o social que los afecta. Bendito seas hermano nuestro que nos haces sentir lo cercano y amoroso que es Dios con el necesitado. Bendito seas Dios de infinito amor por regalarme (nos) a Damián como intercesor. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús!: Siento una inmensa alegría y una confianza ilimitada al contemplar los numerosos favores que concedes a quienes, con fe y humildad, recurren a ti por mediación de san Damián, quien por amor a Ti se entregó por entero, en cuerpo y alma, al cuidado de los enfermos de la lepra en Molokai.

Movido por la confianza en su intercesión y, por el Corazón Inmaculado de María, te ofrezco esta novena de alabanza y petición, por la que pido, si ello es para tu mayor gloria, la gracia y la súplica (…) que en total confianza te encomiendo. Amén.

Primer día
Dijo Jesús: Vengan a mi todos los que están fatigados y sobrecargados y yo los aliviaré. Mt 11, 28. “Pidan y se les dará; busquen y hallaran; llamen y se les abrirá. Lc 11, 9.
Sagrado Corazón de Jesús, a través de la GENEROSIDAD con la que el Padre Damián respondió a la llamada divina, buscando siempre en todo con gran fe lo que fuese la voluntad de Dios; te pido por intercesión del Inmaculado Corazón de María que, junto a la intención de esta novena, me concedas la gracia de ser siempre fiel a tu voluntad, para que así la fe que recibí en el bautismo crezca constantemente en mí. Amén. Petición... Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Segundo día
Dijo Jesús: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a la gente sencilla. Mt 11, 25.
Sagrado Corazón de Jesús, recordando la ESPERANZA inalterable que sostuvo al Padre Damián durante toda su vida, y confiando en La Providencia; a través del Inmaculado Corazón de María, te pido que, junto a la intención de esta novena, me concedas el favor de no dejarme desanimar nunca por las adversidades de la vida, y más aun,  que alentado por la esperanza del cielo, pueda vivir siempre confiando en tu amor misericordioso. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Tercer día
Dijo Jesús: Este es mi mandamiento que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Jn 15, 12.  Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Lc 22, 27.
Sagrado Corazón de Jesús, por medio de la ARDIENTE CARIDAD con la que el Padre Damián, desde su infancia sintió por los pobres; te pido, a través del Inmaculado Corazón de María, que me concedas, junto a la intención de esta novena, la gracia de tener un corazón apasionado, más y más cada día, con ese amor divino con el cual tú estás inflamado y con el que quieres encender los corazones de todos. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Cuarto día
Dijo Jesús: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Jn 10, 10
Sagrado Corazón de Jesús, por medio de la PROFUNDA HUMILDAD que diste al Padre Damián, haciéndole obedecer constantemente la voluntad del Padre, entregando su vida como religioso a la misión  y especialmente por los enfermos de lepra de Molokai; a través del Inmaculado Corazón de María, te pido que me concedas, junto a la intención de esta novena, que no me deje llevar en mis pensamientos, palabras o hechos, por el orgullo que te ofende y que trae tanto mal al mundo. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Quinto día
Dijo Jesús: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Mt 19, 9-10.
Sagrado Corazón de Jesús, a través del AMOR INSACIABLE por sus queridos hermanos enfermos de lepra, que consumió el corazón del Padre Damián, incluso hasta el punto de dar su vida por ellos; humildemente te pido, a través del Inmaculado Corazón de María que me concedas, junto a la intención de esta novena, el don estar realmente atento a mi vida espiritual y a las necesidades de los demás (especialmente de...). Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Sexto día
Dijo Jesús: Si yo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Jn 13, 14.
Sagrado Corazón de Jesús, a través del AMOR AL TRABAJO que desde su infancia caracterizó al Padre Damián en todas sus ocupaciones, no importaba lo rutinaria o fatigosa que fuesen; a través del Inmaculado Corazón de María, te pido que me concedas, junto a la intención de esta novena, un espíritu de fe, para ver las gracias del momento presente como el medio más eficaz para buscar la gloria de Dios, la salvación de todos y mi propia santificación. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Séptimo día
Dijo Jesús: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Lc 22, 41.
Sagrado Corazón de Jesús, a través de la CONSTANCIA Y ADMIRABLE FORTALEZA con la que el Padre Damián sufrió, el dolor de la enfermedad de la lepra, uniendo su dolor al dolor de la soledad y de la impotencia para poder ayudar a los que le rodeaban; con humildad te ruego que a través del Inmaculado Corazón de María, me concedas, junto a la intención de esta novena, la gracia de aceptar siempre con resignación y sabiduría los sufrimientos inevitables y las tribulaciones de la vida. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Octavo día
Dijo Jesús: Vete y haz tú lo mismo. Lc 10, 37. Mayor felicidad hay en dar que en recibir. Hch 20, 35,
Sagrado Corazón de Jesús, a través de la DEVOCIÓN FILIAL A LA VIRGEN MARIA que el Padre Damián siempre tuvo; te pido ardientemente, a través del Inmaculado Corazón de María, me concedas, junto a la intención de esta novena, el actuar siempre como hijo querido de María, que cuides de mis seres queridos y de todos los necesitados. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Noveno día
Dijo Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Jn 14, 6.Vengan conmigo y yo los haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante dejando las redes los siguieron. Mc 1, 17-18.
Sagrado Corazón de Jesús, a través del INMENSO AMOR A LA EUCARISTIA que tuvo el Padre Damián como alimento para su vida y, como su fortaleza su ferviente adoración al Santísimo; a través del Inmaculado Corazón de María, te pido que me concedas, junto a la intención de esta novena, un aumento del amor a la Eucaristía y la Palabra de Dios y, que me enseñes cada día a preparar mi corazón para vivir intensamente unido a tu infinita misericordia pase lo que pase. Amén. Petición... Padre nuestro, Ave María, Gloria.

Oración: por los que sufren:
Oh Jesucristo, Salvador nuestro, que dijiste:
Cualquier servicio que presten a un necesitado es como si me lo hicieran a mí.
Vuelve tus ojos bondadosos hacia san Damián.  Por el corazón de tu Madre inmaculada, te rogamos, oh buen Jesús, concedas a tu heroico apóstol todo cuanto él te pida ahora por nosotros en el cielo:
- consuelo para los que lloran y fuerza para los que sufren;
- curación para los enfermos y alimento para los que padecen hambre;
- liberación para los perseguidos y la salvación para los moribundos.
- solidaridad y esperanza entre nosotros.
- Oh Jesús, escucha compasivo los ruegos de san Damián y por su intercesión el ofrecimiento de esta novena. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús: en ti confío. Dulce corazón de María: sé la salvación del alma mía. San Damián: ruega por nosotros. Amén.

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Eucaristía para el 10 de mayo, día de San Damián.

ANTÍFONA DE ENTRADA
Alegrémonos en el Señor por Damián, siervo de Dios y siervo de la humanidad; su amor y entrega sin reservas por los rechazados y los que sufren le han dado un lugar entre los bienaventurados.  (T.P.: Aleluya)

ORACIÓN COLECTA
Padre de misericordia, que en San Damián,
nos has dado el sublime testimonio
de su caridad a los más pobres y abandonados,
concédenos, por su intercesión,
que también nosotros,
impulsados por el amor al Corazón de tu Hijo,
seamos servidores de los hermanos más necesitados y marginados.
El que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos      (5,1-8) (2)  
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce la constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos todavía sin fuerza, Cristo, en el tiempo fijado, murió por los impíos - difícilmente se encuentra uno que quiera morir por un justo; puede ser que se esté dispuesto a morir por un hombre bueno - pero la prueba del amor que Dios nos tiene nos la ha dado en esto: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 33  (34), 1-2, 5-6, 7-8, 19-20) (3)  
R/  Gustad y ved qué bueno es el Señor.  (T.P.: Aleluya)
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. 
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. 
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. 
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará. 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO (Jn 10,11)
Aleluya, Aleluya.

Yo soy el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas.
Aleluya.

EVANGELIO (13, 1-5.12-17)
Lectura del santo Evangelio según San Juan.
Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando y ya el diablo había convencido a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que entregara a Jesús. Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había venido y a Dios regresaba, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la colocó en la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos: - ¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ustedes deben hacer lo mismo unos con otros. Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.
Yo les aseguro que un siervo no puede ser mayor que su señor, ni un enviado puede ser superior a quien lo envió. Sabiendo esto, serán dichosos si lo ponen en práctica.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, los dones de tu pueblo
y concédenos que, al recordar las maravillas
que el amor de tu hijo realizó con nosotros,
nos reafirmemos, a ejemplo de los santos, en el amor a ti y al prójimo.
Por Jesucristo nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN  (Jn 15,13)
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.  (T.P.: Aleluya)

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te damos gracias, Dios misericordioso,
por el Pan de Vida que nos regalas en tu Hijo Jesucristo.
Danos por él la gracia de conocerte y fuerza para anunciar tu amor,
a ejemplo de tu servidor Damián, con toda nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
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10 de Mayo San DAMIÁN DE VEUSTER, SACERDOTE
Texto para Oficio de Lecturas

Memoria
Nació en 1849, en Tremelo, Bélgica. Entró en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Smo. Sacramento del Altar en 1859. Sin ser todavía sacerdote se ofreció para ir a las Misiones de Hawaii. Ordenado sacerdote en Honolulu, ejerció su ministerio primero en la isla de Hawaii y después en la isla de Molokai con los leprosos, con quienes durante dieciséis años compartió su vida, su trabajo, sus angustias, sus alegrías, así como también su lepra y una muerte semejante. Murió leproso en 1889.
Del Común de Santos, con salmos del salterio.

Oficio de las Lecturas
SEGUNDA LECTURA
De las cartas del San Damián de Veuster  (Copia Publ. Proc. Mechlinien.)
"He aceptado esta enfermedad como mi cruz especial"

Escribe en Agosto de 1873 a su Superior General:

La Divina Providencia, que tiene siempre compasión de los más pobres e indefensos, se ha dignado poner su mirada sobre vuestro indigno servidor para que me ocupe de un famoso hospital de leprosos que nuestro gobierno se ha visto obligado a instalar para preservar del contagio a todo el archipiélago. Por ello, y como sacerdote encargado de una parroquia excepcional de 800 leprosos, de los cuales la mitad más o menos son católicos, me permito dirigiros estas líneas.
(...)  Heme aquí, pues, en medio de mis queridos leprosos: Son verdaderamente horribles a la vista, es verdad, pero tienen una alma que ha sido rescatada al precio de la Sangre adorable de nuestro Divino Salvador. También El en su Divina Caridad consoló a los leprosos. Si yo no puedo curarlos como El, al menos puedo consolarles, y a través del santo ministerio, que en su bondad Él me ha confiado, espero que muchos de ellos, purificados de la lepra del alma, se presentarán delante de su tribunal y podrán entrar en la comunidad de los bienaventurados.
Mi capilla, demasiado grande en las primeras semanas después de mi llegada, resulta ahora demasiado pequeña. Durante tres semanas he tenido que colocar fuera, en las ventanas, a un grande número de antiguos buenos cristianos, cediendo ellos su puesto unas veces a los nuevos, otras a los apóstatas que vuelven, y otras a los catecúmenos que no faltan.
Además de los domingos, hay un buen número de ellos que viene regularmente a la Eucaristía y al Rosario de la tarde durante la semana. Muchos comulgan todos los domingos. Además de los consuelos que el corazón del sacerdote encuentra en la iglesia, hay mucho bien que hacer durante las visitas a domicilio, yendo de una cabaña a otra, casi todas habitadas por pobres desafortunados que no pueden ni siquiera moverse por tener a menudo los pies y manos comidos por esta horrible enfermedad, condenados además a respirar un aire infectado. Normalmente escuchan con atención la palabra de salvación que se distribuye a cada uno según sus disposiciones.
El 25 de Noviembre de 1873, escribe a su hermano, Padre Pánfilo:
Aunque yo no sea todavía leproso, sin embargo me hago leproso con los leprosos; por eso cuando predico suelo decir: "Nosotros los leprosos". Quisiera ganármelos a todos en Cristo, como hizo San Pablo.
El 9 de Noviembre de 1887, escribe también a su hermano:
Como sabéis hace ya mucho tiempo que la Divina Providencia me ha elegido para ser víctima de nuestra repugnante enfermedad. Espero ser eternamente agradecido a Dios por este favor. Me parece que esta enfermedad acortará y hará más cercano el camino que me llevará a nuestra querida patria. Con esta esperanza he aceptado esta enfermedad como mi cruz especial; trataré de llevarla como Simón El Cireneo, siguiendo las huellas de nuestro Divino Salvador. Os ruego me ayudéis con vuestras oraciones, para obtener la fuerza de la perseverancia hasta que llegue a la cima del Calvario.

RESPONSORIO.   cf. Jn. 15,13 15,16
R.  Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
* Dar la vida por sus amigos, es fruto de un verdadero amor.
V.  Yo soy quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure.
* Dar la vida por sus amigos, es fruto de un verdadero amor.

ORACIÓN:
Padre de misericordia, que en San Damián, nos has dado el sublime testimonio de su caridad a los más pobres y abandonados, concédenos, por su intercesión, que también nosotros, impulsados por el amor al Corazón de tu Hijo, seamos servidores de los hermanos más necesitados y marginados. El que vive y reina contigo.

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“Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?” Hechos de los Apóstoles 1, 10-11.







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