martes, 18 de abril de 2017

8. 5. San Damián desde sus cartas de la 161 a la 217.

161. - “Su amable carta del 14 de marzo ha venido a cicatrizar un poco la profunda herida del corazón que vuestra marcha me había causado. Las lágrimas que derramé entonces eran una clara expresión de mi pena de perderos y del presentimiento de la situación penosa y extraña en la que habría de pasar el resto de mi vida.” [1]

162. - “Efectivamente, querido padre, después de haber perdido en usted un buen compañero en esta triste leprosería, no he vuelto a tener más que momentáneamente la visita de un hermano cada dos o tres meses. Además, la terrible enfermedad, cuyos comienzos conoce, hace progresos espantosos y amenaza con dejarme irregular y quizá incapacitado para celebrar la santa misa, y no teniendo otro sacerdote, me veré privado hasta de la santa comunión y del Santísimo Sacramento. Esta privación es lo que más me costaría y me haría insostenible mi situación.”[2]

163. - “No serán la enfermedad y los sufrimientos los que me descorazonarán, a buen seguro. Hasta este momento me siento feliz y contento, y si me dieran a escoger la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo: "Me quedo para toda la vida con mis leprosos".”[3]

164. - “Gracias por vuestra amable y simpática carta de 13 del corriente. Desde hace unos seis años, jamás he tenido ni la idea ni el deseo de abandonar a mis queridos leprosos de Kalawao. El año pasado, al darme cuenta de que la enfermedad empezaba a aparecer en la oreja, expresé el deseo de tener un apoyo, quiero decir, una pequeña habitación en el parque de Kakaako, donde residir algunos días cuando una necesidad de conciencia o cualquier otra razón me obligara a ir a Honolulú.”[4]

165. - “No teniendo ya confianza alguna en nuestros mejores médicos europeos de que puedan detener el progreso de esta terrible enfermedad, deseé vivamente consultar entonces al doctor Goto, pero por prudencia, para no herir a nuestros sabios médicos, guardé este deseo en mi corazón. El rechazo absoluto, expresado con el tono de un policía más que con un tono de superior religioso, y eso en nombre del obispo y del ministro, como si la Misión fuera a ser puesta en cuarentena en el momento en que yo apareciera por Honolulú, me causó mayor pena, lo confieso francamente, que todo cuanto he tenido que sufrir desde mi infancia. Ante ello, he respondido con un acto de sumisión absoluta en virtud de mi voto de obediencia. “Me mantengo en paz.”[5]

166. - “Sigo esperando que nuestro Señor, por la intercesión de nuestra buena Madre, haga un milagro por mí. Pero, en  fin, no soy digno. Siempre resignado a la santa voluntad de Dios en nuestros sufrimientos, cada vez más agudos, permanezcamos, monseñor, "muertos en Cristo y nuestras vidas estén escondidas en Dios".[6] (Perdonadme) .Vuestro hijo.”[7]

167. - “Aquí tenéis la traducción de vuestra carta y la comunicación de Meyer. Me aconseja él mismo que haga una corta visita a Honolulu para consultar al doctor Goto, etc. En virtud de mi voto de obediencia no puedo seguir su consejo, en espera de que su ilustrísima me obtenga del superior la revocación de la orden severa que me ha dado creyendo cumplir con su deber.”[8]

168. - “No os sorprendáis demasiado, ni tampoco sufráis mucho, al saber que uno de vuestros hijos espirituales está condecorado no sólo con la real cruz de la Orden de Kalakaua[9], sino también con la cruz un poco más pesada y menos honrosa de la lepra, con la que nuestro divino Salvador ha permitido que esté estigmatizado.”[10]

169. - “Sólo mi sermón no estuvo a la altura de las circunstancias: estuve demasiado preocupado y demasiado cansado para entrar a fondo en el hermoso y amplio tema del Corpus y además no quise en ese día cometer mi pecado habitual, que es el de ser demasiado largo en mis sermones.”[11]

170. - “Tuve entonces un gran empeño en ir a consultar a este doctor por mi propia enfermedad que acababa de manifestarse en la oreja. Por obediencia a nuestro viceprovincial retardé mi viaje a Honolulu hasta el pasado julio.”[12]

171. - “Nuestras dos hermanas Genie y Paulina, y tal vez también Constanza[13], rezan mucho por ella como por nosotros, pobres desterrados en este mundo. Supongo que también Leoncio y Gerardo son cristianos ejemplares. Te ruego que te intereses mucho por su bien espiritual, así como por el de toda la familia. Dios es quien ha querido que la obediencia fijara tu residencia en nuestro país natal. Por eso tu misión consiste fundamentalmente en trabajar por la salvación de nuestra querida familia y la de nuestros compatriotas, como la mía está predestinada entre los leprosos de Molokai.”[14]

172. - “Doy gracias a nuestro divino Salvador de que, por el ejemplo de un pobre sacerdote que cumple con toda sencillez los deberes de su vocación, haya encendido en su corazón ese noble espíritu que encuentra agradable el sacrificio de sí mismo. Como dice en su carta, el Santísimo Sacramento es realmente en todos nosotros, para mí como para usted, el estímulo que empuja a renunciar a todas las ambiciones del mundo.”[15]

173. - “Sin la presencia continua de nuestro divino Maestro en el altar de mis pobres capillas, jamás hubiera podido perseverar compartiendo mi destino con los leprosos de Molokai. Las consecuencias estaban previstas, pero ahora comienzan a manifestarse por la superficie de mi cuerpo y se dejan sentir en todo mi organismo.”[16]

174. - “Como la santa comunión es el pan de todos los días para el sacerdote, me siento feliz, bien contento y resignado en el ambiente un tanto excepcional en que la divina Providencia se ha complacido colocarme.”[17]

175. - “Vive ahora con el sacerdote leproso y, como un verdadero hermano lleno de compasión, me ayuda a cuidar a los enfermos. El también, aunque no sea sacerdote, encuentra su consuelo en el Santísimo Sacramento. Sin duda que usted admirará como yo el poder de la gracia de Dios en mi nuevo compañero y dígnese tener la bondad de permitirme rezar cada día por usted y sus hermanos, para que podamos todos tener una misma fe y pertenecer a la misma verdadera Iglesia, una y apostólica, y habiendo alcanzado todos estar unidos en Jesucristo, obtener la misma corona eterna en el cielo.”[18]

176. - “Que la bendición eterna de Dios permanezca con usted y su familia y con todos cuantos puedan contribuir, de cualquier manera que sea, al alivio de mi pobre gente enferma.”[19]

177. - “Que Dios les bendiga a todos y se digne tener piedad de mí en mi purgatorio de Kalawao, donde el baño de agua caliente a las diez de la noche y a las cinco de la mañana me hace gritar a veces cuando el agua está demasiado caliente.”[20]

178. - “Tened la bondad de hacer inscribir mi nombre en la Asociación de Oración del reverendo padre Lerins: José Damián de Veuster (el leproso pecador que tan raramente se confiesa)…. Recemos unos por otros.”[21]

179. - No sé cómo expresarle todo el agradecimiento de mis infortunados hijos en Cristo por la alegría extraordinaria que vuestro gran corazón nos ha proporcionado a todos ese día. Ojalá que las oraciones de los enfermos de Kalawao hagan descender sobre usted la bendición celeste de nuestro Señor Jesús.”[22]

180. - Estoy de acuerdo con usted, señorita, en que la vida de un sacerdote en medio de 600 personas enfermas y moribundas es preciosa, y aunque yo preferiría ser llamado a un mundo mejor, le ruego que se una a mí para pedir a Dios todopoderoso, por la intercesión de nuestra bienaventurada Madre, si no el milagro de una curación completa de la que me siento indigno, sí al menos que se detenga el progreso de la creciente enfermedad, para que me permita continuar dedicándome a las necesidades espirituales y corporales de nuestros leprosos de Molokai. En enero, una vez pasadas las fiestas, trataré de hacer lo mejor que pueda la novena a nuestra Madre del Buen Consejo de Gennazano, que usted me sugiere amablemente.”[23]

181. - Hace cinco meses yo estaba imposibilitado y débil, con dificultad podía decir la santa misa. Hoy, gracias a Dios y a la Virgen santa, me siento de nuevo fuerte y robusto (aunque todavía leproso).”[24]

182. - “Ahora, un pequeño detalle bien penoso para mí y quizá también para el buen corazón de nuestro querido reverendísimo padre[25], pero siendo su hijo muy obediente y muy resignado con su suerte, me creo en la obligación de comunicárselo, porque no es más que una consecuencia práctica e inevitable de la marcha de Molokai del padre Alberto. En el mes de julio último, después de haber pasado más de tres meses sin ver un hermano, me escapé casi en contra de la obediencia debida a mi superior religioso y fui a Honolulu, donde tuve el consuelo de confesarme con monseñor. Esa misma semana ya estaba de vuelta aquí, y desde entonces he visto una vez al padre Columbano a comienzos de octubre (ésta es la visita de que os habla en su carta).”[26]

183. - “Ya estamos en el último día del año y aún no sé cuándo llegará mi confesor. El padre tiene demasiado trabajo en Maui para poder venir muchas veces a esta isla, en la que hay varias capillas sin sacerdote. No teniendo ya libertad para viajar fuera del establecimiento, me hallo imposibilitado para ir a visitar a otros hermanos y no puedo hacer otra cosa que esperar con paciencia la llegada de un sacerdote para confesarme. Rece y haga rezar por mí, para que Dios se digne confirmarme en gracia, como en otro tiempo lo estuvieron los apóstoles. ¡Ah!, yo que soy un pobre pecador! [27]….”[28]

184. - “Es este alejamiento de todo hermano de nuestra querida Congregación lo que me resulta más penoso que la enfermedad de la lepra. Guarden todo esto secreto entre usted y el reverendísimo padre y entiéndanse los dos para encontrar la mejor solución. Puesto que no pido otra cosa que permanecer y morir en Kalawao, leproso o no, déjenme continuar mi carrera hasta el fin[29]. Por lo demás estoy contento y feliz y no me quejo de nadie.”[30]

185. - “Esperando a mi confesor, me confieso de vez en cuando ante el Santo Sacramento. …Recemos unos por otros.”[31]

186. - Sus dos cartas del 1 de diciembre, con la letra de cambio por 975 libras esterlinas, han llegado a buenas manos. Que su esfuerzo, tan profundamente apreciado, por socorrer a mi desdichado pueblo sea para usted, para su familia y para cuantos han contribuido tan generosamente como un imán que atraiga sobre cada uno de ustedes gracias especiales de Dios, según la palabra de las santas Escrituras que dice: "El hombre misericordioso hace un bien a su alma"[32]y como dice el ángel Rafael a Tobías: "La limosna vale más que el oro y los tesoros. Porque la limosna libra de la muerte y es la que borra los pecados y encuentra la misericordia y la vida eterna"[33]. ...[34].

187. - Agradezco de todo corazón a los caritativos donantes la confianza que han puesto en mí para disponer y distribuir sus generosas ofrendas, que aliviarán a los desdichados leprosos en su pobreza.”[35]

188. - Como ahora estamos en la estación fría, he enviado hoy a nuestros comerciantes de Honolulu un encargo de vestidos para paliar las necesidades de nuestros numerosos leprosos, unos 500 a 600. Tengo la intención de guardar en reserva el resto de la suma para futuras necesidades. Cuando lleguen aquí las mercancías, el olor agradable de la flor del amor de los ingleses será altamente estimado y muchos desdichados leprosos en apuros, cuyos miembros fríos y adormecidos sentirán de nuevo el bienestar causado por los vestidos de abrigo, lo recordarán por largo tiempo. Sin duda alguna el gran número de beneficiarios, cualquiera que sea la denominación religiosa a la que puedan pertenecer, os expresarán su gratitud y ofrecerán una fervorosa oración por todos sus bienhechores.”[36]

189. - “Mi enfermedad se manifiesta ahora sobre todo en el exterior y no me hace sufrir tanto en los miembros. En cuanto al remedio eficaz contra esta enfermedad incurable, lo dejo en las manos del Todopoderoso, que conoce mejor que yo lo que contribuye a nuestra santificación durante nuestra corta estancia en este mundo. La santa Virgen, nuestra Madre de todos, en cuyas manos he confiado mi salud desde el día de mi llegada a este asilo de muerte, podría facilísimamente obtenerme un milagro, pero también sabe mejor que yo lo que puede abreviar mi camino hacia el cielo. Por mi parte, me siento muy feliz y completamente satisfecho de mi suerte.”[37]

190. - “Supongo que la razón por la que ya no me escribes se debe a que algunos periódicos belgas han publicado la muerte de tu hermano exiliado. Desgraciadamente, Dios todopoderoso todavía no me ha sacado fuera de este desdichado lugar y aún sigo aquí, aunque inútil, cumpliendo mi tarea diaria como de costumbre, no sé por cuantos años más. Ha sido del agrado del Señor confiarme el cuidado del bienest­ar espiritual de los infortunados leprosos desterrados en Molokai.”[38]

191. - “Como ya sabes, hace tiempo que la divina Providencia me escogió para convertirme en víctima de esta nuestra repugnante enfermedad. Espero permanecer eternamente agradecido a Dios por este favor. Me parece que esta enfermedad abreviará un poco y hasta hará más estrecho el camino que me conducirá a nuestra querida patria. En esta esperanza he aceptado esta enfermedad como mi cruz especial; trato de llevarla como Simón Cirineo, siguiendo las huellas de nuestro divino Maestro. Te ruego me ayudes con tus oraciones, para que me obtengan la fuerza de la perseverancia, hasta que llegue a la cima del calvario.”[39]

191a. - “Aunque la lepra se haya agarrado con fuerza a mi cuerpo y me haya desfigurado un poco, continúo estando fuerte y robusto y los terribles sufrimientos de mis pies han desaparecido. Hasta ahora la enfermedad no ha deformado mis manos y continúo diciendo todos los días la santa misa. Este privilegio es mi mayor consuelo, para mí tanto como para la felicidad de mis numerosos compañeros de miseria, que todos los domingos llenan mis dos iglesias, en las que reservo perpetuamente el Santísimo Sacramento. Cincuenta huérfanos viven aquí conmigo y me ocupan casi todo el tiempo libre.”[40]

192. - “Hago cuanto puedo por plantar y regar el campo que nuestro divino Salvador me ha confiado. Aquí y allá arranco también alguna mala hierba. Pero para obtener el verdadero fruto de conversión necesito de modo especial las oraciones de las almas devotas y compasivas con mis pobres leprosos. Así, puesto que no vienes en persona[41], ruego que al menos te asocies a mi misión, totalmente excepcional, para conseguir su conversión.”[42]

193. - “Continúo siendo el único sacerdote en Molokai. El padre Columbano y últimamente el padre Wendelin Moellers son los únicos hermanos que he visto desde hace dieciseis meses. Por tener tanto que hacer, el tiempo se me hace muy corto; la alegría y el contento del corazón que me prodigan los Sagrados Corazones hacen que me crea ser el misionero más feliz del mundo.”[43]

194. - “Así el sacrificio de mi salud, que Dios ha querido aceptar haciendo fructificar un poco mi ministerio entre los leprosos, lo encuentro después de todo bien ligero e incluso agradable para mí, atreviéndome a decir como san Pablo: ‘­Estoy muerto y mi vida está escondida con Cristo en Dios.’[44][45]

195. - “Yo, J. Damián De Veuster, sacerdote católico, residente en el asilo de los leprosos de Molokai, estando sano de espíritu y de memoria, doy fe, declaro y público que ésta es mi última voluntad y mi testamento. A saber: Doy y lego todo mi haber, inmueble, personal y mixto que yo pueda poseer en las islas Hawaii en el momento de mi muerte, al Reverendísimo Hermann Köckemann, Obispo de Olba y Vicario apostólico de las islas Hawaii y a sus sucesores en el cargo. Por las presentes nombro y pongo al Rev. Padre Clemente como mi ejecutor testamentario. En testimonio de lo cual pongo mi firma y mi sello hoy, dieciocho de noviembre del año de gracia mil ochocientos ochenta y siete (18 noviembre 1887), J. Damián De Veuster. (Sello)…[46]

196. - Que Dios todopoderoso le bendiga, mi querido amigo, y le proteja en sus viajes y en sus negocios. Cuando llegue a nuestras islas, me gustaría verle pronto en Molokai y espero que nuestro encuentro será agradable en todos los aspectos. Le deseo una santa fiesta de Navidad y un feliz Año Nuevo. Quedo siempre su amigo en el Sagrado Corazón de Jesús. J. Damián de Veuster, Sacerdote católico.”[47]

197. - “Siendo excepcional la circunstancia en que me encuentro, ¿por qué no venir en mi auxilio por caminos un poco excepcionales? Del buen padre Gregorio no puedo esperar otra cosa que el que sea para mí una pesada carga, más bien que una ayuda. Se le escapan gritos terribles de repente, como si se tratara de un hombre que está loco o en delirio permanente. Por amor a él, no me atrevo a confiarle a otro para que lo cuide. En cuanto a mi, tan robusto como estoy, mis manos están más amenazadas por la enfermedad, como para que al fin me dejen irregular para decir la santa misa. Poniéndome a vuestros pies, monseñor, os ruego nos deis vuestra bendición de padre y tened piedad de nosotros. Vuestro muy humilde J.D.”[48]

198. - “Hoy una pequeña inflamación en los ojos[49] me impide por primera vez decir la santa misa, y si no mejora en una o dos horas, tendré que dejar, por primera vez desde mi ordena­ción en 1864, de rezar mi breviario. Tenga la bondad de inter­ceder por mi causa ante Dios y ante nuestro reverendísimo Padre. Su afectísimo servidor. J. D.”[50]

199. - “Muchos médicos y otras personas me aconsejan hacer esto o aquello, mas en vano, para curar esta enfermedad incurable. Creo en la posibilidad de un milagro, como se narra en la Sagrada Escritura, pero no creo en un remedio natural contra la lepra. Será el cementerio verde el que parará el progreso de nuestro mal y entonces todo irá bien. Continuamos felices y resignados con la voluntad de Dios…”[51]

200. - “Llevado por el deseo de tener nuestra iglesia en Kalawao proporcionada al precioso tabernáculo[52], trabajo todos los días con el albañil y los carpinteros, para construir una iglesia casi nueva. Los gastos ascenderán a más de mil, pero esperamos que nuestra Santa Madre y San José nos proporcionen los medios para pagar deudas…. Un buen viejo irlandés, leproso, hace de albañil. Si Dios Todopoderoso prolonga mi estancia y mantiene el ánimo construiremos una iglesia espaciosa para todos aquellos que vengan detrás de nosotros…”[53]

201. - “Estoy contento de que se sienta feliz y de que la bendición del Todopoderoso parezca acompañaros. Seámosle siempre fieles y sirvámosle lo mejor que podamos, recono­ciendo que somos grandes pecadores. Que su santa gracia penetre en nuestros corazones y, en consecuencia, ningún respeto humano y ninguna consideración vulgar nos impedirá practicar nuestra santa fe como el Señor lo desea y ordena. Los dos somos fieles súbditos de nuestro rey Kalakaua, cuyo nombre raramente se menciona aquí, en la leprosería, pero seamos cada vez más leales a nuestro divino Salvador. Usted se encuentra bien y su salud es buena. Yo me voy haciendo viejo y débil. Sé que mis días están contados y no espero permanecer largo tiempo en este miserable mundo. Siento que la enfermedad ha penetrado hasta mis pulmones y pronto, espero, ya todo estará bien cuando yo esté bajo la colcha verde[54].”… .[55]

202. - “Le agradezco sinceramente su acto de caridad hacia los marginados de la sociedad: los leprosos de Molokai. Que nuestro divino Salvador nos dé -a su reverencia y a mí- la gracia particular de trabajar en su viña como sacerdotes fieles hasta la muerte, cada uno en la situación especial que a El plugo concedernos. Ahora, hace casi 16 años, que me siento feliz y muy  a mi gusto entre mis enfermos y moribundos de Molokai; reconozco que voy estando cada vez más enfermo. Encuentro mi alegría y mi paz meditando sobre el ‘Cupio dissolvi et esse cum Christo’[56]; con estas palabras San Pablo expresa clarísimamente el consuelo del corazón que nuestro Redentor da a sus fieles servidores…”[57]

203. -“La tarjeta del 8 de octubre me demuestra que, en mi asilo de leprosos desterrados de Molokai, tengo amigos desconocidos y personas caritativas que piensan siempre con simpatía verdaderamente cristiana en nuestros leprosos marginados y en su indigno sacerdote. Muchas gracias a vuestros estudiantes por su gentileza. Os ruego especialmente rezar por mí; mi fin está cerca. Os deseo todo bien en los Sagrados Corazones, J.D.”[58]

204. - “Querido amigo: … En cuanto a mí, Dios conoce qué es lo mejor para mi pobre alma: le dejo decidir si mis días habrán de ser más o menos numerosos. Desde que le escribí la última vez, he avanzado a pasos rápidos hacia nuestro cementerio. Ahora la enfermedad ha atacado los pulmones y lentamente me he ido quedando muy débil.”[59]

205. - “Nuestras oraciones, aunque muy imperfectas; nuestros largos, bien largos sufrimientos ofrecidos todos los días en unión de los méritos y los sufrimientos de nuestro Señor, tengo la firme esperanza de que obtendrán para todos nuestros bienhechores las gracias particulares que cada uno más necesite para su bienestar temporal y eterno.”[60]

206. - “Que las bendiciones de Dios les concedan a todos abundantemente la gracia de construir en su alma un templo perfecto y espiritual, el templo de Dios, que excede con mucho el valor de lo que han tenido la amabilidad de enviarme. Esta es la oración diaria de su servidor muy agradecido.”[61]

207. - “Es imposible decirle lo felices que nos hemos sentido con la visita de nuestro común amigo el señor Eduardo Clifford, que ha permanecido entre los pobres exiliados leprosos. Durante su estancia entre nosotros se ha esforzado y agotado por poner un poco de alegría en  nuestra comunidad de leprosos con su linterna mágica, su caja de música y sobre todo con su propia voz, tan delicada. Con su obra artística le hará ver la ruina que ha causado mi enfermedad en todo mi organismo. Apenas queda un débil rayo de esperanza de que pueda restablecerme, a no ser por un milagro, pero para eso no he querido tentar al Señor, convencido como estoy de que es su santa voluntad que yo muera de la misma manera y de la misma enfermedad que mis compañeros de aflicción.”[62]

208. - “Ante el mal estado de salud en que ya me encuentro, el que Dios ha querido concederme, he dejado de escribirte como lo hacía anteriormente, igual que a la familia. Pero pienso que todos vosotros deberíais escribirme al menos como antes, y aún más a menudo. En fin, estoy siempre feliz y contento; no deseo otra cosa, que se cumpla la voluntad de Dios.”[63]

209. - “Los ingleses de Londres, tanto protestantes como católicos, sienten una gran simpatía por mí y por la obra a que me he consagrado.”[64]

210. - “Por favor, saluda a todos los padres y hermanos de Lovaina, como también a Gerardo y Leoncio y a toda la familia. En el altar, al que hasta hoy puedo subir todos los días (aunque con una cierta dificultad), no os olvido a ninguno y, en correspondencia, os ruego que recéis y hagáis rezar por mí, que voy arrastrándome despacio hacia mi tumba. Quiera Dios fortalecerme y concederme la gracia de la perseverancia y de una buena muerte.”[65]

211. - “Al señor Eduardo Clifford, mi afecto y mis mejores deseos al buen amigo Eduardo. Intento subir despacio mi camino de la cruz y espero encontrarme pronto en la cima de mi Gólgota. Suyo siempre, J. Damián, sacerdote católico.”[66]

212. - “Mi querido Eduardo Clifford: Su carta, tan llena de simpatía, del 24 del corriente, ha venido a traer un poco de suavidad a mi estado bastante miserable. Me esfuerzo lo mejor que puedo por llevar, sin quejarme demasiado y de manera útil para la santificación de mi alma, las miserias previstas hace tanto tiempo de la enfermedad, que es, después de todo, un agente del que se sirve la Providencia para despegar el corazón de todo afecto terreno, y animar al mismo tiempo el deseo del alma cristiana por estar unida, cuanto antes mejor, a aquel que es su única vida.”[67]

213. - “Durante su largo viaje de vuelta no olvide, se lo ruego, el camino estrecho que los dos debemos seguir cuidadosamente, para que nos encontremos los dos en la casa de nuestro Padre común y eterno. Mis afectuosos saludos y mis oraciones y mejores deseos para todos los amigos simpatizantes. Buen viaje, querido amigo, y adiós hasta el cielo.  Totus tuus. J. D.”[68]
                                              
214 "Qué contento estoy de haber dado todo a monseñor; ahora muero pobre, ya no tengo nada mío".[69]
215.- "¿Ve mis manos? -me decía-; todas mis llagas se cierran, la costra se pone negra: es signo de muerte, usted lo sabe bien. Fíjese también en mis ojos; he visto morir a tantos leprosos, que no me engaño; la muerte no está lejos. Mucho me habría gustado ver una vez más a monseñor; pero Dios me llama a celebrar la pascua con El. Bendito sea Dios.[70]
216.- "Qué bueno ha sido Dios -me dijo durante el curso de ese día- al conservarme lo bastante para tener a dos sacerdotes a mi lado que me asistan en mis últimos momentos; y además saber que están en la leprosería las buenas hermanas de la Caridad. Es mi Nunc dimitis. La obra de los leprosos está asegurada; por consiguiente, ya no soy necesario, y así dentro de poco me iré allá arriba."[71].

217.- "Padre, usted aquí representa para mí a la Congregación, ¿no es cierto? Digamos juntos las oraciones de la Congregación. ¡Qué bueno es morir hijo de los Sagrados Corazones!"[72]




[1] . Carta nr. 213, al P. Alberto Montiton, Kalawao, Mayo 1886
[2] . Carta nr. 213, al P. Alberto Montiton, Kalawao, Mayo 1886
[3] . Carta nr. 213, al P. Alberto Montiton, Kalawao, Mayo 1886
[4] . Carta nr. 214, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 16 junio 1886
[5] . Carta nr. 214, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 16 junio 1886
[6] . Original en latín: ‘mortui in Christo et vitae nostrae sint absconditae in Deo (adaptación de Col 3,3).”
[7] . Carta nr. 214, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 16 junio 1886
[8] . Carta nr. 215, A Mgr. H. Köckemann, Fiesta del S. Corazón, 2 julio 1886
[9] . Damián recibió esta condecoración en 1881.”
[10] . Carta nr. 218, al Rvmo. P. Marcelino Bousquet, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[11] . Carta nr. 218, al Rvmo. P. Marcelino Bousquet, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[12] . Carta nr. 218, al Rvmo. P. Marcelino Bousquet, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[13] . Hay que notar su reticencia cuando habla de Constanza, lo mismo que en la carta del 2 de febrero de 1885.”
[14] . Carta nr. 220, a su hermano Pánfilo, Fin agosto 1886
[15] . Carta nr. 221, al Rev. H.B. Chapman, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[16] . Carta nr. 221, al Rev. H.B. Chapman, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[17] . Carta nr. 221, al Rev. H.B. Chapman, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[18] . Carta nr. 221, al Rev. H.B. Chapman, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[19] . Carta nr. 221, al Rev. H.B. Chapman, Kalawao, Molokai, 26 agosto 1886
[20] . Carta nr. 228, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 9 diciembre 1886
[21] . Carta nr. 228, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 9 diciembre 1886
[22] . Carta nr. 229, a la señorita Elisabeth Harper - Brooklyn, Kalawao, Molokai, 28 diciembre 1886
[23] . Carta nr. 229, a la señorita Elisabeth Harper - Brooklyn, Kalawao, Molokai, 28 diciembre 1886
[24] . Carta nr. 230, al R.P. Janvier Weiler, Kalawao, Molokai, 30 diciembre 1886
[25] . El superior general
[26] . Carta nr. 230, al R.P. Janvier Weiler, Kalawao, Molokai, 30 diciembre 1886
[27] . Original en flamenco: ‘Helaas armen zondaer dat ik ben’
[28] . Carta nr. 230, al R.P. Janvier Weiler, Kalawao, Molokai, 30 diciembre 1886
[29] . Original en latín: perficere eursum meum us que inflnem. Texto de He 20,24.”
[30] . Carta nr. 230, al R.P. Janvier Weiler, Kalawao, Molokai, 30 diciembre 1886
[31] . Carta nr. 230, al R.P. Janvier Weiler, Kalawao, Molokai, 30 diciembre 1886
[32] . Original en latín: ‘Benefacit animae suae vir misericors’, (Prov. 11,17)
[33] . Tob. 4, 11
[34] . Carta nr. 232, al Rev. H.B. Chapman (Brouillon), 20 enero 1887
[35] . Carta nr. 232, al Rev. H.B. Chapman (Brouillon), 20 enero 1887
[36] . Carta nr. 232, al Rev. H.B. Chapman (Brouillon), 20 enero 1887
[37] . Carta nr. 241, publicada en el ‘Empire’ (Canada), Kalawao, Molokai, 8 nov. 1887
[38] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[39] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[40] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[41] . De estas manera sabemos que el superior general prefirió que Pánfilo se quedara en Europa
[42] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[43] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[44] . Original en latín: ‘Mortuus sum et vita mea abscondita est cum Christo in Deo’ (adaptado de Col. 3,3)
[45] . Carta nr. 243, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 9 noviembre 1887
[46] . Nr. 244, ‘ültima Voluntad o testamento’, 18 noviembre 1887
[47] . Carta nr. 246, a Mr. Edward Clifford, Kalawao. Molokai, 8 diciembre 1887
[48] . Carta nr. 251, a Mgr. Hermann Köckemann,. Kalawao, 2 febrero 1888
[49] . En una carta del 20 de agosto de 1888, el superintendente Meyer habla de esta inflamación. Lo que permite datar la carta
[50] . Carta nr. 264, al R.P. Janvier,  agosto 1888?
[51] . Carta nr. 266, al Rev.P. Daniel E. Hudson, C.S.C.. Kalawao, Molokai, 8 agosto 1888
[52] . Tabernáculo que le habían enviado de EE.UU.
[53] . Carta nr. 266, al R.P. Daniel E.Hudson, C.S.C., Kalawao, Molokai 8 agosto 1888
[54] . La hierba del cementerio. El padre Damián conserva el sentido del humor.”
[55] . Carta nr. 268, al Doctor Kuehn, Kalawao, Molokai, 3 octubre 1888
[56] . ‘Quiero morir y estar con Cristo’ .
[57] . Carta nr. 269, al Rev. J.N.Wall. Kalawao, Molokai, 8 octubre 1888
[58] . Carta nr. 270, al Rev. P. J. Rainer, Rector del Seminario Provincial, S. Francis, Wis. USA, 4 noviembre 1888
[59] . Carta nr. 271, a Mr. E. Clifford, 11 noviembre 1888
[60] . Carta nr. 274, al Rev. B.H. Chapman, 1889?
[61] . Carta nr. 274, al Rev. B.H. Chapman, 1889?
[62] . Carta nr. 274, al Rev. B.H. Chapman, 1889?
[63] . Carta nr. 275, a su hermano Pánfilo. Kalawao, 12 febrero 1889
[64] . Carta nr. 275, a su hermano Pánfilo. Kalawao, 12 febrero 1889
[65] . Carta nr. 275, a su hermano Pánfilo. Kalawao, 12 febrero 1889
[66] . Carta nr. 276, Nota a Mr. Edward Clifford. Kalawao, 21 febrero 1889
[67] . Carta nr. 277, a Edward Clifford, Kalawao, 28 febrero 1889
[68] . Carta nr. 277, a Edward Clifford, Kalawao, 28 febrero 1889
[69].- Después de haber firmado los documentos de su testamento. Carta de P. Wendellin al Superior General
[70].- Ibidem
[71].- Ibidem
[72].- Ibidem 


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