martes, 18 de abril de 2017

8. 4. San Damián desde sus cartas de la 61 a la 160

 61.- “Cuanto más cansado me siento el domingo por la tarde, tanto más feliz me hallo, sobre todo si alguna oveja perdida ha querido entrar en el redil del Señor. La tarde del domingo la empleo bien en confesar, bien en dar clases de teología canaca… Este año espero poder aplicarme un poco más a la visita de los enfermos, al estudio, si la Providencia no me envía otras ocupaciones. ¡Ay! ¿Qué es la vida del misionero sino pena y miseria? Todo el tiempo trabajando como Marta y poco tiempo para estar al pie del Salvador, como María Magdalena. Felices los misioneros que no tienen que ocuparse más que del ministerio. Aquí nosotros tenemos también que ocuparnos de lo material de la misión, que dificulta mucho.”[1]

62.- “Yo me debo a toda la población de mi distrito como San Pablo: ‘Graecis et Barbaris, sapientibus et insipientibus debitor sum’. ¡Ay, ojalá pueda decir a la hora de mi muerte como ese Santo Obispo, que no tenía más que 17 herejes, tantos como cristianos había encontrado al llegar?  Por desgracia, hasta hoy todavía la herejía domina en mi parroquia, que cuenta con más de 3.000 personas.  En lugar de un flojo y vicioso, como soy yo, se necesitaría un santo y celoso sacerdote para aquí, y todo iría bien. Por ello reza sobre todo, por mi propia conversión. …”[2]

63.-  “En general tengo muchas dificultades y pocos consuelos. Solo, por gracia de Dios, encuentro dulce y ligero el peso que nuestro buen Maestro ha querido poner sobre mis espaldas.”?[3]

64.- “Cuando me llega alguna enfermedad me alegro porque se aproxima mi fin. Me encuentro enteramente resignado y contento con lo que tengo, y feliz si la perseverancia corona mis trabajos. Pongámonos en las manos de Dios como instrumentos en las manos del obrero. En la vida o en la muerte seamos siempre de Jesús.” [4]

65.- “En cuanto a mí, Dios sea bendito, estoy siempre igual, con muy buena salud y muy contento en medio de mis canacas.” [5]

66.- “Usted conoce mi disponibilidad: Quiero sacrificarme por los pobres leprosos. Aquí la mies parece estar madura. Rece y haga rezar por mí y por todos nosotros.”[6]

67.- “Si tiene muchas intenciones de Misas, envíeme unas pocas. Si no tiene demasiadas déjeme mis intenciones libres para estos pobres infelices. ¡Qué de moribundos! ¡Qué de miseria! Diga, por favor, a la Superiora que pido oraciones particulares a toda la comunidad para la conversión de los pobres leprosos y de toda la isla de Molokai. Que la Santísima Virgen se digne atraer a todos a los brazos de su Divino Hijo. Toda la repugnancia hacia los leprosos ha desaparecido. Sin embargo tomo grande precaución…”[7]

68.- “La Divina Providencia que tiene compasión de los desgraciados, se ha dignado mirar a su indigno siervo para cuidar espiritualmente de un famoso hospital de leprosos que nuestro gobierno ha tenido que crear, para preservar del contagio a todo el archipiélago. Es, pues, en mi condición de Párroco de una parroquia excepcional de 800 leprosos, cuya mitad es casi toda católica, que me tomo la libertad de dirigirle estas líneas.”[8]

69.- “Varios de nuestros queridos cristianos de Kohala también vinieron. No puedo atribuir más que a la voz del buen Dios, un presentimiento inequívoco de que pronto me reuniría con ellos en la leprosería. Sin embargo, 8 años de servicio, entre cristianos a los que se quiere y por los que se es querido, han hecho brotar profundas raíces de un cariño mutuo. Una simple broma diciendo que yo iría pronto a Molokai, los emocionó. En fin, al salir de Kohala, para ir a la bendición de la bonita iglesia del  P. Leonor, en el momento en que montaba a caballo, oí una voz interior que me decía que no vería más a mis queridos cristianos y a mis 4 bellas capillas. Llorando, eché una última mirada hacia mi querida cristiandad de Kohala”[9]

70.- “Durante la bonita fiesta de Wailuku, de la que los Padres probablemente le habrán hablado, su Excelencia manifestó su deseo de que alguno de nosotros fuese a visitar la isla de Molokai. Yo vi claramente la realización del proyecto de la Providencia. El sábado siguiente, en lugar de volver a Kohala, el barco me dejó en la leprosería. Su Excelencia me acompañó, pero según su intención, esto no era más que por dos o tres semanas…”[10]

71.- “ Una petición de no sé cuántos leprosos pidiendo a su Excelencia que me dejara definitivamente con ellos, y otras razones graves más, le determinaron, con el consentimiento del R. P. Modesto, a dejarme definitivamente en Molokai. Adiós, pues, querido Kohala…![11]

72.- “Heme aquí, pues, mi muy Reverendo Padre, en medio de mis queridos leprosos. Son muy horribles a la vista, pero tienen un alma redimida con el precio de la Sangre preciosa de nuestro divino Salvador. El mismo con su divino Amor consoló a los leprosos. Si yo no puedo curarlos como Él, al menos puedo consolarlos, y por el santo ministerio, que por su bondad Él me ha confiado, espero que muchos de entre ellos, purificados de la lepra del alma, vayan a presentarse delante de su tribunal en estado de entrar en la sociedad de los bienaventurados.”[12]

73.- “El olor infecto que exhalan sus cuerpos y sus heridas, exigiría sobre todo una iglesia grande para hacer el servicio menos temible. Algunas veces me fue difícil resistir durante la Santa misa y sermón. Es justo el ‘jam foetet’ de San Lázaro, pero en fin, nuestro Señor soportó eso, yo puedo hacer otro tanto. ¡Que este acto de mortificación pueda obtener la resurrección espiritual a los que de entre ellos todavía no han salido del sepulcro del pecado, para vivir la vida de la gracia que Dios les ofrece todos los días!”[13]

74.- “Además de los consuelos que el corazón del sacerdote encuentra en la iglesia, hay mucho bien por hacer en las visitas a domicilio: yendo de una cabaña a otra, casi todas llenas de pobres infelices, que apenas se pueden arrastrar, teniendo a menudo los pies y las manos comidas por esta horrible enfermedad, y condenados a respirar un aire infectado. Ordinariamente escuchan con atención la palabra de salvación que se distribuye a cada uno según sus disposiciones…”[14]

75.- “Considero como causa principal de la obstinación de mis no convertidos mi poco buen fondo. A menudo me acuerdo de una comparación del Rvmo. Padre Eutimio, en nuestro último Retiro Espiritual: "Después de haber predicado 4 o 5 veces en un día, admiro el canal que parte de un depósito seco". Pida y haga que pidan por mí y por mis queridos feligreses leprosos, para que Dios, llenando todos los días el depósito de mi corazón con sus gracias, pueda hacerlas fluir en los corazones de los que son mis hijos  en Jesucristo…”[15]

76.- “Te hago saber mi estado de salud después de 7 meses que estoy en el hospital[16]. No te asustes de esta inscripción de soldado que, sin embargo, es verdadera. La divina Providencia se ha dignado escoger a tu indigno hermano para asistir a los pobres desgraciados atacados por la terrible enfermedad de la que a menudo ha hablado Él en el Evangelio: la lepra que probablemente no conoces más que de nombre. Esta enfermedad ha comenzado a extenderse por nuestro archipiélago desde hace unos 10 años de una manera espantosa. El gobierno se sintió obligado a excluir de la sociedad a todos los que estaban infectados. Han sido enviados todos estos pobres infelices a un rincón de la isla de Molokai, como a un exilio perpetuo, encerrados entre montañas infranqueables por un lado y por otro lado el mar.”[17]

77.- “Este lugar tenía absolutamente necesidad de un sacerdote, pero esto no era cosa fácil. Toda comunicación estaba absolutamente prohibida, a no ser que uno se encerrara con ellos. Habiendo yo estado bajo el paño mortuorio el día de mis votos, creí que era un deber ofrecerme a su Excelencia, que no tuvo la crueldad (como él decía) de pedir un tal sacrificio. Por fin, el 10 de mayo último, el barco me dejó aquí con unos 50 leprosos que los soldados habían recogido en la isla de Hawaii.[18]

78.- “Allí encontré una bonita y pequeña capilla dedicada a Santa Filomena, pero eso era todo; no habiendo casa para protegerme, viví largo tiempo bajo un árbol por no querer dormir en las casas de los leprosos. Gracias a la caridad de los blancos de Honolulu, que vinieron en mi ayuda, tengo el gusto de contarte esto. Aunque no soy todavía leproso y con la ayuda milagrosa de Dios y de la Santísima Virgen, espero no serlo nunca, me hago sin embargo leproso con los leprosos. Cuando predico empleo la expresión: "nosotros los leprosos". ¡Ojalá pueda yo ganarlos a todos para Cristo, como hizo San Pablo!”[19]

79.- “La lepra es una enfermedad casi incurable. Empieza poco a poco por una corrupción en la sangre y se manifiesta con manchas negruzcas, primero en la piel, y sobre todo en la cara. En estas manchas no existe sensibilidad y en poco tiempo todo el cuerpo se cubre de ellas. Comienzan las llagas especialmente en las manos y en los pies.  Los dedos de los pies y de las manos son casi comidos y exhalan un olor fétido. Su aliento también envenena el aire. Me ha costado mucho acostumbrarme. Un día en la misa mayor, estuve a punto de dejar el altar para respirar aire puro. El recuerdo de Nuestro Señor que abrió la tumba de Lázaro, me retuvo. Actualmente la delicadeza de mi olfato se ha acostumbrado. Entro en sus casas infectadas sin dificultad.”[20]

80.- “No tengo más necesidad de que me envíen intenciones de misas, tengo más de las que puedo decir. Bien entendido que aquí hacemos todo gratis, Dios sabrá pagarnos bien, como antes a los Apóstoles. Si nuestro Señor me preguntara: (Lc. XXII, 35): "cuando os envié sin bolsa, sin alforjas, sin sandalias, ¿os faltó alguna cosa?".  Yo tendría que responder como ellos: Nihil Domine (Nada, Señor).[21]

81.- “Me fui y dejé al P. Fabián todo lo que tenía en Kohala.  Aquí no tengo nada, ni un céntimo de renta, y sin embargo, "nada me falta"[22], incluso doy más en limosnas que muchos curas en Bélgica. He aquí un misterio del que hay que pedir explicación a Aquel que ha prometido devolver el céntuplo de todo lo que se dejare por Él. Acabo de hacer la segunda capilla, a 2 millas de aquí, al otro lado del lazareto, que además de mi trabajo personal, como carpintero, me costó 1.500 Fr., poco más o menos,  y no me quedan más que 25 Fr. de deuda.  El bueno de San José es mi proveedor…”[23]

82.- “Hace algunos meses, el ministro del Interior me prohibió salir del exilio donde nuestros leprosos están secuestrados. Era, pues, un prisionero del Estado. Hoy, una comunicación del consulado francés me anuncia mi liberación. ¡Que Dios sea Bendito!  Dedicándome al cuidado de nuestros queridos enfermos podré trabajar en la conversión de toda la isla, en la que no hubo jamás un sacerdote fijo. Reza y haz rezar para que el Señor se digne bendecir su misión. Necesitaría absolutamente otro sacerdote. Pero ¿dónde encontrarlo? Prepara, pues, jóvenes sacerdotes. Invito cordialmente a los estudiantes y novicios de Lovaina a que vengan a ayudarnos.  La cosecha está madura.”[24]

83.- “Mi mayor felicidad es servir al Señor en estos pobres hijos enfermos, rechazados por los demás hombres. Me esfuerzo por llevarlos a todos por el camino del cielo. Y a vosotros, mis queridos padres, hermanos y parientes, os hace falta marchar alegremente por este camino, a fin de que tengamos todos la felicidad de encontrarnos en el cielo.  Los tesoros, las riquezas, aún la vida corporal, no son nada, si no tratamos de santificar nuestra alma. Rezad mucho por mí.”[25]

84.- “Considere bien, querido Padre, la situación de Kalawao; no es que yo tema el trabajo, al contrario, amo trabajar en las capillas, pero todavía más en la conversión de mis pobres leprosos. Mande y será obedecido.”[26]

85.- “Teniendo entre la gente a un cierto número de cristianos selectos, les pediré que recen por el bienhechor desconocido y por su familia, y esté seguro, señor, de que Dios le recompensará con el céntuplo por la limosna que usted nos envía. Procuraré ofrecer a menudo la Sta. Misa por la intención indicada en su carta. Agradeciéndole en nombre de mis enfermos su generosidad, nos atrevemos aún a pedirle la limosna de sus oraciones...”[27]

86.- “Sí, querido Padre, no he olvidado todo lo que ha hecho por mí, siendo novicio. Dios me guarda de dejarme llevar de una especie de vanidad por un cierto bien que Él se digna hacer por mi ministerio. Si se habla mucho de mí, tanto en los periódicos como en las iglesias, toda la gloria sea para el Autor y Ejecutor de todo bien. En cuanto a mí, desearía permanecer desconocido en la leprosería de Kalawao, donde me siento feliz y contento en medio de mis numerosos hijos enfermos. He logrado sobrepasar las delicadezas de la naturaleza, que detesta todo aquello que huele a lepra.”[28]

87.- “La muerte santa de nuestro querido padre, creo será más una ganancia que una pérdida, puesto que ahora tenemos a un intercesor más cerca del Padre Celeste. Tus frecuentes visitas durante su enfermedad y en el momento de su entierro me han consolado, al no poder abrazarlo por última vez. Reunido ya con nuestras 4 hermanas, sus hijas, en el paraíso, me gusta contemplar desde este país lejano el lugar de nuestro encuentro, donde nos esperan. Confío en que ningún miembro de la familia faltará. Inútil acariciar una esperanza vana de vernos sobre esta tierra de desterrados.”[29]

88.- “Acabo de enterrar a uno de mis mejores cristianos, hijo de un testigo de la fe. También su muerte fue realmente edificante, ¡cómo deseaba ver el cielo! Repito a menudo como San Pablo: ‘cupio dissolvi et esse cum Christo’ ¡Cómo se reflejaba en su rostro su fe y su amor, cuando veía que llegaba el Señor, que yo le traía como Viático! Está enterrado a la sombra de una cruz grande que planté en el centro de nuestro nuevo cementerio, con cerca de otros 200 leprosos, muertos católicos desde hace año y medio. A pesar de tantos muertos, mi doble parroquia sigue aumentando con el nacimiento espiritual de muchos de ellos y con la llegada de nuevos enfermos ya católicos…”[30]

89.- “Me ha dado mucha tristeza la noticia de la muerte de nuestro venerado padre. ¡Ay, los ha dejado! Espero que su alma goce ya de la felicidad del cielo en compañía de nuestras hermanas. Allí es donde tenemos que encontrarnos todos un día, y espero que ningún miembro de la familia falte a la llamada.” [31]

90.- “Y usted, querida madre, ¿cómo está? ¿Se encuentra siempre valiente y con buena salud? Las lágrimas vertidas cerca de padre en su lecho de muerte la han, sin duda, debilitado un poco. ¡Ah! pero ¿por qué llorar tanto? ¿No está mucho mejor en el cielo que aquí en la tierra? Anhelemos todos la patria celeste y marchemos valientemente por el camino que allí conduce. Pienso que ya no tiene que ocuparse tanto de las cosas de la tierra. Ponga el cuidado de todo en manos de Gerardo y de Dorotea. El tiempo de su vejez estará mejor empleado si trabaja en la obra de su salvación y, si es posible, cuidando la educación cristiana de sus nietos.”[32]

91.- “Aunque esta enfermedad sea contagiosa yo gozo siempre de buena salud y soy muy feliz en medio de estas infelices criaturas de Dios. Hago todo lo que está en mis manos para conducirlos por los caminos de la virtud y prepararlos a bien morir con una santa muerte.”[33]

92.- “Durante el verano fui a trabajar durante de 4 meses fuera del hospital, como carpintero para la construcción de una nueva iglesia… No siento vergüenza de convertirme en obrero, albañil o carpintero cuando se trata de la gloria de Dios… La costumbre, contraída en casa, de ejercitarme en varios oficios me es aquí de grande utilidad.”[34]

93.- “Acabo de recibir su amable Carta Circular y le agradezco de corazón los buenos consejos verdaderamente paternales que nos da. Con lágrimas ciertamente tengo el honor de sembrar la semilla divina en medio de mis pobres enfermos. Miserias, tanto morales como físicas, me deshacen el corazón, rodeándome desde la mañana hasta la noche. Intento, sin embargo, mostrarme siempre contento para levantar el ánimo de mis enfermos. Les muestro la muerte como el fin de sus miserias si quieren convertirse. También muchos ven aproximarse su último momento con resignación e incluso algunas veces con alegría. Durante este año he tenido el consuelo de ver morir, por lo menos unos cien, con muy buenas disposiciones…”[35]

94.- “Como usted está al corriente de nuestra manera de vivir aquí en la leprosería, esta vez no le diré más que un saludo de mi parte, haciéndole saber que continúo feliz y contento entre mis pobres leprosos, e incluso mi salud es hoy mejor que nunca. Noticias, no tengo. Vivo aquí en un mundo bastante monótono; todo va poco a poco, el bien como el mal. Sin embargo, el establecimiento está mucho más tranquilo que los años anteriores. Procuro ser amigo de todos: de los del gobierno como de los enfermos. No conozco más que un leproso que tiene algo contra mí; se trata de un ministro calvinista; un leproso comido por la envidia más que por la lepra. Se divierte publicando artículos contra mí en sus periódicos. Aunque oculta su nombre se sabe de dónde viene ello y yo no tengo necesidad de refutarlo... Le perdono de todo corazón. Que Dios le perdone igualmente por todo lo que hace contra el bien espiritual de tantas almas….”[36]

95.- “El P. Andrés tiene la costumbre de venir a confesarme cada dos meses. Creo que es deber mío informarle, como a nuestro primer superior, que ese buen Padre no está en su sitio aquí en Molokai, ni incluso en las islas Sandwich. Su manera de hacer y de hablar me han convencido de que no está apegado ni a su puesto, ni a esta misión, ni incluso a la Congregación. Yo, personalmente, me entiendo bastante bien con él. No se mete en mis ocupaciones y por prudencia yo no quiero meterme en las suyas. Le ruego se ponga de acuerdo con los superiores de aquí y le pido guarde secreto de mi observación…”[37]

96.- “Trabajemos cada vez más por la salvación de las almas! Yo tengo aquí plena oportunidad de ejercer mi celo. El año pasado bauticé 80 leprosos, de los que muchos ya se han ido al cielo, como espero… Casi todos desean morir católicos. Hago todo lo que puedo por prepararlos bien. En este trabajo es donde encuentro mi mayor consuelo…”[38]

97.- “Dios sea alabado por la semilla de celo y de sacrificio que ha depositado en vuestros jóvenes corazones. Guardad, os ruego, en vuestros corazones estos sentimientos de amor hacia los miembros que sufren de nuestro divino Maestro; (es decir, que debemos tener una grande compasión por los enfermos y en particular por los leprosos, que son especialmente los miembros adolorados de N.S.J.C.). Rechazad toda duda, toda desconfianza, y arrojáos, como un pequeño niño, en los brazos de Jesús y de María. El demonio procurará levantar olas más grandes que las que yo vi en el cabo de Hornos, para hacer perder la vocación de un joven apóstol. No temáis nada, queridos amigos, pues uno está seguro de llegar felizmente y tan lejos, siempre que uno no se separe de Dios apegándose a las cosas vanas de esta tierra. Ante todo, durante la tormenta el corazón debe permanecer en paz, pues la paz del corazón es un don particular de Dios para los que se dedican a su servicio. Por ello no dudéis entrar en una Congregación religiosa, pues mis 12 años de apostolado en misiones, me han enseñado que el primer deber de un misionero junto a los infieles, es el de estar totalmente entregado a una orden religiosa...”[39]

98.- “Dado que la misión entre los leprosos supera otras misiones en dificultades  y en peligros, si Dios os da una más fácil, no tendréis que quejaros. Por ello os espero a los dos en Molokai, o bien a uno u otro. Cuento con vuestro espíritu de sacrificio cuando el Señor quiera hacerme el regalo de esta lepra terrible o de cualquier otra enfermedad…[40]

99.- “Los que aquí mueren, mueren casi todos católicos. Mientras que el templo protestante se vacía cada día un poco más, nosotros no disminuimos. Explíqueme este fenómeno. Meditemos a menudo lo que el Señor ha hecho por la salvación de una sola alma y sabremos lo que tendremos que hacer para sacar a centenares del camino del vicio. Recordemos que J.C, misionero divino, ha precedido sus predicaciones con la penitencia y la oración. Por ello, queridos jóvenes, comenzad vuestro apostolado muriendo a vosotros mismos y rezad por los pecadores y en particular por los leprosos…”[41]

100.- “Perdonad por no haber respondido enseguida a vuestras cartas del 10 de mayo… Estaba algo descontento por haber visto mi carta precedente impresa en  los ‘Annales’. Sabed, de una vez para siempre, que no me gusta eso. Desearía permanecer desconocido para el mundo, y he aquí que por algunas cartas mías se habla de mí por todas partes en América…”[42]

101.- “¡Pobre madre!…, Dios quiere enseñarnos a no apegar nuestro corazón a las cosas de este bajo mundo. Recuerde a menudo que esto no es más que un destierro, y que aquellos que mueren en el Señor son más felices que usted y que yo aquí abajo. A veces envidio a mis pobres hijos enfermos, cuando les administro los últimos sacramentos y cuando los entierro…”[43]

102.- “Continuad despacio como nuestro querido padre y ante todo sed buenos cristianos, pues en fin ¿para qué ser ricos en el mundo y después condenarse eternamente? Teniendo al P. Pánfilo tan cerca, que me han dicho que es un gran misionero de Bélgica, no quiero predicaros. Sirvamos a Dios bondadoso lo mejor que podamos, cada uno según su vocación... Digo a menudo la santa misa para que Dios bondadoso se digne bendecir todos los miembros de la familia, todavía vivos, y por aquellos que ya han muerto… Adiós, querida madre y queridos hermanos. Rezad por mí…”[44]

103.- “Usted, querida madre no se entristezca por todas estas cosas temporales. Cuanto más desapegada esté de los bienes de la tierra y de sus preocupaciones, tanto más sentirá en el corazón, que Nuestro Señor es el verdadero tesoro para sus fieles. Dirija todos sus deseos hacia el cielo y trabaje con grande ánimo para conseguir una morada eterna…” [45]

104.- “¡Ah!, madre y hermanos, vivamos todos como buenos cristianos con la esperanza de encontrarnos un día en el cielo. Recen todos los días por su hijo y hermano…”[46]

105.- “La salud buena, el corazón un poco frío…”[47]

106.- “Mi gran pena, durante todo el tiempo vivido este año, es la de ver a mi único compañero (Andrés) alejarse cada vez más de la Congregación y también de la misión, de sus superiores y de su compañero… Oloha ia Parakiko a me na mea a pran.”[48] ”[49]

107.- “Yo sigo estando siempre feliz y contento entre mis queridos leprosos de Molokai. Mi salud es muy buena y los síntomas de la enfermedad han desaparecido. La experiencia de seis años me ha hecho ver que no en vano he puesto mi salud bajo la protección de los SS. Corazones para quedar preservado de esta terrible enfermedad, contagiosa, que me rodea. El ministerio entre los enfermos continúa bien…”[50]

108.- “Gracias a Dios, mi salud es buena, y soy muy feliz de poder ayudar y consolar a esta pobre gente, desgraciada y desterrada. Nuestras dos iglesias continúan llenándose bien, y es consolador ver a estos pobres, abandonados por la sociedad, buscar su salvación para la vida futura en nuestra santa fe.”[51]

109.- “He aquí ya casi 7 años que vivo entre los leprosos. Durante este largo espacio de tiempo he tenido la ocasión de ver muy de cerca, y casi tocar con los dedos, la miseria humana en todo aquello que tiene de más horroroso. La mitad de nuestra gente son como cadáveres vivientes, a los que los gusanos comienzan ya a devorar, primero por el interior y después por el exterior, formando llagas repelentes, que raramente se curan.  En cuanto al olor figúrate el ‘jam foetet’ de la tumba de Lázaro…”[52]

110.- “Como el cementerio, la iglesia y el presbiterio no forman mas que una parcela, durante la noche yo soy el guardián de este bonito jardín de muertos, todos hijos espirituales míos. Encuentro mis delicias rezando allí mi rosario y meditando sobre la felicidad eterna, de la que ya gozan gran número de ellos, sobre la desgracia eterna de algunos que no han querido obedecerme, y sobre el sufrimiento del Purgatorio….”[53]

111.- “Yo te aseguro, querido hermano, que el cementerio y la caja de mis muertos son mis mejores libros de meditación, tanto para alimentar mi propio corazón, como para preparar mis pláticas…”[54]

112.- “La mayoría de los niños leprosos son católicos. Actualmente no sentimos mucha oposición por el lado de los protestantes, que se preocupan muy poco de sus adeptos leprosos. En cambio ocurre todo lo contrario en los lugares que visito fuera de la leprosería para los que necesitaría un buen sacerdote, lleno de celo y de paciencia. ¿Dónde están, pues, nuestros jóvenes compatriotas de corazón generoso, para venir a nuestro campo de batalla, a llenar los huecos que la muerte y la vejez dejan en nuestras filas? Nuestra misión, muy bien establecida en Sandwich, sufre de falta de sacerdotes y es el momento de pedir al dueño de la mies que envíe nuevos trabajadores.”[55]

113.- “A usted, querida madre, que Dios la recompense, incluso en este mundo,  por la ofrenda de sus 4 hijos a la vida religiosa y eclesiástica. ¡Qué satisfacción sentimos todos viendo a los hijos de Leoncio y de Gerardo que crecen con tan buenas disposiciones…”[56]

114.- “He tenido más de 200 muertos en un año. Todos los que vienen aquí tienen una enfermedad incurable. De mis feligreses de 1873 hay muy pocos que viven en este momento. A menudo predico sobre la brevedad de la vida y sobre la necesidad de estar siempre preparados para tener una santa muerte.”[57]

115.- “Mi salud aún es excelente y nunca he tenido un motivo para quejarme de la vocación a la que la Divina Providencia me ha destinado. Estoy muy contento de poder seguir dándome a los leprosos y no tengo otro deseo en este mundo. Sin embargo, hay que estar siempre sumiso a la voluntad de los superiores por lo que no les puedo decir por cuánto tiempo estaré aquí. Espero que esto sea para toda la  vida”[58]

116.- “Muy querida madre, queridos hermanos y parientes, perseveremos siempre por el buen camino y recemos unos por otros para estar juntos un día con Dios, la Santísima Virgen y los Santos en el cielo. Que nadie de toda la familia tenga miedo o sea negligente para ir a menudo a confesarse….”[59]

117.- “En cuanto a mi misión de Kalawao, doy a Su Alteza Real y al honorable Comité de Sanidad mi palabra de Caballero - Comendador de la Orden de Kalakaua, que consagraré siempre mis fuerzas al bien espiritual y temporal de los infortunados leprosos… Con todo mi agradecimiento por vuestra bondad para conmigo.”[60]

118.- “Los pequeños embrollos del buen P. Regis[61], junto con los de mi compañero, me dan ocasión de ejercitar mi paciencia, pero tengo el carácter muy vivo si me incitan demasiado.”[62]

119.- “Por este pequeño relato puedes ver, querido hermano, que en la isla de Molokai no falta trabajo para el misionero, y que nuestro divino Salvador sabe otorgar a sus servidores, en medio de nuestras fatigas y de nuestras penas, dulces y suaves consuelos, que no se pueden describir. ¡Que no me haga yo indigno de ellos!”[63]

120.- “Como temporalmente era yo el solo sacerdote que había en la isla de Molokai, he tenido que tomar por confesor a Dios Padre, nuestro Señor, residente habitualmente en el tabernáculo. He aquí, querido hermano, cómo al pie del altar encuentro la fuerza necesaria en mi soledad. Ahí también es donde me encuentro todos los días contigo y con todos los buenos Padres de nuestra querida Congregación…”[64]

121.- “Sin el Santísimo Sacramento una posición como la mía no sería soportable. Pero teniendo a nuestro Señor a mi lado, he ahí que continúo siempre alegre y contento. Y con esta alegría en el corazón y la sonrisa en los labios, se trabaja con celo para el bien de los pobres infelices leprosos, y poco a poco, sin demasiado ruido, se hace el bien…”[65]

122.- “Muchas gracias por su explicación de la palabra ‘toda responsabilidad’. Eso me satisface y le aseguro que cedería muy contento una parte de ella. En cuanto a la imposibilidad de un acuerdo cordial no será por mi parte. No pretendo nada y quiero ceder en todo.” [66]

123.- “Os renuevo aquí, Monseñor, mi grande deseo de vivir en unión con mi compañero, a pesar de que no es cosa fácil. Después de que él se ha establecido como maestro en Kalaupapa, donde mi trabajo como carpintero está aún por acabar, he tenido que ejercitar mi paciencia durante el trabajo. Espero la intervención de los legisladores, con respecto a los leprosos, para pediros sacarme de la isla de Molokai. Ora pro me atque pro nobis…”[67]

124.- “Me tomo la libertad de exponer a vuestra Excelencia los motivos (ocultos en mi corazón de sacerdote) que me han llevado a obrar en el ministerio, del que el P. Alberto se ha escandalizado tanto, y la autoridad religiosa acaba de prohibirme…. Si mi conducta os desagrada, y siendo mal visto aquí por el P. Alberto, dejaré voluntariamente la isla de Molokai, si ello es la voluntad de Dios. Su muy humilde servidor…”[68]

125.- “Si usted no trabaja por suavizar el temperamento insoportable del P. Alberto, me verán muy pronto por ahí, aún sin obediencia. Yo no quiero vivir más en guerra con los hermanos que la Congregación me ha dado en Molokai.”[69]

126.- “Los periódicos de esta semana citan mi nombre como prueba de que no se debe alarmar uno tanto por ver leprosos en nuestras pequeñas aldeas. No hay peligro de contraer esta enfermedad viviendo en su cercanía. Eso es lo que esos señores juzgan de lo que ellos ven desde el exterior, sin comprender que Dios tiene un cuidado especial de aquellos que se dedican en su nombre al servicio de los desafortunados…”[70]

127.- “Por mi parte, después de mi llegada a la leprosería, he confiado a Nuestro Señor, a su Santísima Madre y a San José, el cuidado de mi salud. A ellos les toca protegerme de esta terrible enfermedad, cosa que han hecho hasta ahora, y aún, en cuanto a lo físico, repito a menudo en medio de los peligros que me rodean: “En Ti, Señor, he esperado, no sea confundido para siempre”, Pau ia!”[71]…. [72]

128.- “9 de enero.-  Lunes, vuelvo a la leprosería donde todo el mundo está lleno de júbilo al verme. ¡Cuántas noticias he tenido que contar a mis leprosos! Emprendo de nuevo mis ocupaciones ordinarias  encomendando a mis enfermos y a mí a sus oraciones.”[73]

129.- “Habiendo tenido cuenta siempre de la susceptibilidad de mi querido Hermano, y conformándome lo más posible a su manera de ver, le dejo que justifique delante de Dios y delante de su Obispo sus prejuicios y sus desconfianzas contra mí. ¿Por qué atribuye como motivo de amor propio todo lo que hago para el honor y el bien de la misión? Miro siempre el cuerpo al que tengo el honor de pertenecer y de ninguna manera a este miserable yo.”[74]

130.- “Si se me alaba públicamente, lo acepto por el honor de la misión, pero no por el mío.”[75]

131.- “Querida madre, tenga mucho ánimo en la vejez. A medida que pasan los años, ponga cada vez más su confianza en Dios y dirija todos sus deseos a alcanzar la corona eterna. Aunque el trabajo es alegría, quiero aconsejarle que no se preocupe demasiado de las cosas temporales.- deje eso para los más jóvenes, usted ha trabajado mucho tiempo. Viva un poco en pensión…”[76]

132.- “Leoncio y Gerardo[77], vosotros también sois ahora ya hombres de más de cincuenta años; nuestra juventud ha pasado y la vejez está a nuestra puerta, para advertirnos que este mundo, como todas sus atracciones, no son mas que un breve momento que pasa muy veloz. Trabajemos, pues, cada uno en su estado, para recoger tesoros que se puedan llevar consigo al otro mundo. Vosotras también, queridas sobrinas, me habéis edificado mucho con vuestras bellas cartas, y espero seáis el apoyo de la abuela y de papá; sed obedientes y humildes, y que las tentaciones de este mundo no os seduzcan…”[78]

133.- “Recogiendo poco a poco a los niños alrededor de la iglesia, bajo mi cuidado, el bien espiritual sigue fácilmente al bien material que se les hace…”[79]

134.- “Acabo de enviar mi carta y he aquí que el P. Alberto me entrega ésta, que usted le ha enviado pidiéndome que responda. De nuevo encuentro en ella expresada vuestra poca confianza en mí, rogándome me esté quieto y no diga ni una palabra; como si me creyera con más méritos y más dignidad que ustedes.  Repito que no escribí, ni hablé, ni grité con indignación sobre la llegada de las hermanas aquí. Había incluso perdido casi la esperanza. En el caso de una visita de la Superiora y otra hermana, en compañía incluso de su reverencia, no tendría más que barrer un poco mi casa y serían los tres alojados convenientemente en medio de un pequeño poblado exclusivamente católico. Como mi presencia podría quizá molestarle, yo podría alejarme. Realmente no me creía tan bajo en la opinión de mis Superiores...” [80]

135.- “Tocando el fin de año vengo a echarme a los pies de Su Excelencia como representante, en su persona sagrada, de la dignidad suprema del sacerdocio eterno de Jesucristo, implorando su santa bendición para mí y para mis niños de Kalawao como también para todos los cristianos de Molokai. Durante este año, las gracias de conversión y de bendición han sido bastante abundantes en la leprosería. Nuestras dos iglesias continúan siendo muy frecuentadas y lo que le gustará es que nosotros dos, sus sacerdotes, ahora nos entendemos juntos perfectamente bien…” [81]

 136. - “Todo lo que yo he sufrido durante el poco tiempo que el P. Andrés ha estado cerca de mí, me obliga, Excelencia, a deciros con toda el respeto hacia vuestra Excelencia por razón de vuestra autoridad, que jamás quiero vivir en su compañía, ni ser su confesor ni su penitente. Usted sabe por qué. Perdone, Excelencia, por esta observación…”[82]

137. - “Querido hermano, al haberme impresionado tan vivamente el relato de tu enfermedad, y como pareces insinuar que puede degenerar en extenuación, lo que espero Dios no permita, no puedo ocultarte por más tiempo que también yo estoy amenazado de una enfermedad aún más terrible que la extenuación. Dentro de poco hará ya doce años que estoy entre los leprosos.”[83]

138. - “La lepra es enfermedad contagiosa; creo que no tengo motivos para quejarme de la clara protección que Dios me ha dado. La Virgen y San José también tienen algo que ver en ello, pues me encuentro hoy tan fuerte y robusto como cuando me viste partir en 1863, a excepción de mi pie izquierdo, que desde hace tres años ha perdido casi toda sensibilidad. Es un veneno secreto que amenaza con envenenar todo el cuerpo. No lo tomemos a broma, sino recemos uno por otro. Tuyo en los Sagrados Corazones, tu hermano menor.”[84]

139. -  “Al tomar un baño caliente de pies, cometí la imprudencia de meter el pie en el agua casi hirviendo y se me levantó la piel. Tras un mes de cuidados, la herida comienza a curarse. Durante quince días he podido decir la santa misa con gran dificultad. El domingo, para predicar, tengo que sentarme al pie del altar. Así que, en medio de mis enfermos, yo también me hago el enfermo. Procuro llevar mi cruz con alegría, como nuestro Señor Jesucristo.”[85]

140. -  “Un médico me ha aconsejado ir a respirar los aires de mi tierra. Por el momento ni nuestro obispo, ni yo tampoco, lo vemos oportuno y, además, ¿qué sería de mis pobres enfermos? Por la gloria de Dios y la salvación de las almas espero permanecer en mi puesto hasta la muerte. Me encuentro feliz y contento y en condiciones de hacer un poco de bien. Por eso no añoréis demasiado volverme a ver en este mundo de aquí abajo. Leoncio haría muy bien en destinar uno de sus numerosos hijos para que venga a reemplazarme. Adiós, mis queridos familiares. Permanezcamos unidos de corazón en nuestro Señor Jesucristo, en el tiempo y en la eternidad.”[86]

141.- “Aun suponiendo que, armándome de mi antigua paciencia, pudiera bastarme para atender toda la leprosería, su ilustrísima comprenderá fácilmente que debo renunciar para siempre a todo intento de escalar el "pali" y correr al otro distrito: ni mi pie ni la conveniencia me lo permiten ya, además de que no se pueden dejar sin sacerdote 600 leprosos católicos, entre los que frecuentemente hay muchos moribundos.”[87]

142. - “Si realmente estoy atacado por esta terrible enfermedad, hay que reconocer claramente que esto es la muerte acercándose paso a paso. Sin preocuparme demasiado de mi cuerpo, sí que me preocupa sobre todo mi alma, que pide un buen confesor. Pues bien, el padre Alberto ha sido realmente un buen guía para mí: su dirección me ha hecho bien y me sentiría feliz de tenerle como confesor hasta mi lecho de muerte.”[88]

143. - “Pues bien, mi reverendo padre, ya no hay duda ninguna para mí, estoy leproso; ¡bendito sea Dios!, no me compadezca demasiado; estoy perfectamente resignado a mi suerte. No le pido más que una gracia: pida a nuestro reverendísimo padre envíe a alguien que, una vez por mes, pueda bajar a nuestra tumba para confesarme y que el tiempo restante se ocupe de las capillas de la otra parte de la isla en la que no hay enfermos…”[89]

144. - “Soy el único sacerdote de Molokai, y yo mismo estoy atacado por la terrible enfermedad. Los microbios de la lepra han anidado definitivamente en mi pierna izquierda y en mi oreja. Mi párpado comienza a caerse. Ahora ya me es imposible ir a Honolulú porque la lepra aparece visible. Supongo que mi rostro pronto quedará desfigurado. Seguro como estoy de la realidad de mi enfermedad, permanezco tranquilo y resignado e incluso me siento más feliz entre mi gente. Dios sabe lo que más conviene a mi santificación y con este convencimiento digo todos los días: "Hágase tu voluntad". Tenga la bondad de rezar por su probado amigo y encomiéndeme, así como a mis desdichados leprosos, a todos los siervos de Dios.”[90]

145.- “Benditos sean los Sagrados Corazones de Jesús y de María por haberos inspirado derramar saludable bálsamo sobre un dolor interior que me oprimía estos últimos días, como consecuencia de una pequeña imprudencia por mi parte, que desearía poder manifestaros en el confesonario. Había hecho las gestiones necesarias ante las autoridades y preparado mi pequeño equipaje para ir a veros a Honolulu, cuando me ha llegado vuestra amable carta. Recuperada la paz del corazón, me ocuparé como de costumbre en preparar a mis cristianos para la fiesta del domingo próximo.”[91]

146. - “Os agradezco, monseñor, vuestro interés por el estado de mi enfermedad. El recuerdo de haber estado postrado bajo el paño mortuorio hace veinticinco años -- el día de mis votos -- es lo que me ha hecho desafiar el peligro de contraer esta terrible enfermedad, cumpliendo aquí mi deber y tratando de morir cada vez más a mí mismo.”[92]

147. - “A medida que la enfermedad avanza, me encuentro feliz y contento en Kalawao. El verme privado de un buen confesor tan deseado en ciertos momentos me resulta más penoso que todo lo demás. Vos lo sabéis, el cura de Kalawao no está aún confirmado en gracia, a pesar de los pomposos títulos que se le han concedido. Interceded, os ruego, ante el Señor para que me conceda este favor, y así mi descontento por no haber conseguido para Molokai uno de los tres sacerdotes llegados este año ya no tendrá razón de ser.”[93]

148. - “Confieso con franqueza, monseñor, que el envío del padre Emerance a Hawaii me hizo sufrir. He hablado de ello al padre Gulstan;  pero en lugar de molestaros con mis quejas y murmuraciones, me he mantenido en silencio, monseñor, quizá demasiado tiempo para su buen corazón de obispo y de padre, "perdonadme "[94]…..”[95]

149. - “Habiéndome recomendado su ilustrísima no mantener correspondencia con las autoridades civiles de Honolulú, me mantengo en un mutismo absoluto y os pido, monseñor, que me hagáis este encargo, si se presenta la ocasión.”[96]

150. - “En cuanto al cura de Molokai, sigue con su mismo estilo de vida… Como en la actualidad soy un poco médico, igual que mi patrón san Damián, procuro dulcificar, con la gracia de Dios, sus espantosos sufrimientos y conducirlos así por el camino de la salvación…. Perseveremos en el servicio de Dios, en la frecuencia de los sacramentos, y recemos los unos por los otros.”[97]

151. - “Nuestro superior, el padre Leonor, incluso acaba de prohibirme ir a Honolulu, aun cuando en el intervalo yo quisiera ver a un hermano religioso: no sé bien en qué va a acabar todo esto. Me resigno, sin embargo, a la divina Providencia y encuentro mi consuelo en mi único compañero que no me abandona, quiero decir nuestro divino Salvador en la santa eucaristía.”[98]

152. - “Al pie del altar es donde me confieso a menudo y allí busco el alivio a las penas interiores. Delante de él, así como ante la estatua de nuestra santa Madre, es donde murmuro a veces, suplicando la conservación de mi salud.”[99]

153. - “Llevo mis dos pequeñas farmacias y siempre mis frascos de medicina en el bolsillo mientras hago las visitas a domicilio y así procuro imitar a mi santo patrón; a veces, haciendo el bien en el cuerpo de nuestros desdichados enfermos se llega poco a poco al alma.”[100]

154. - “El padre Leonor me amenaza siempre con cortarme inmediatamente una pequeña ración que le pido, no cada mes como estaba convenido, sino cuando la necesito, solamente cada dos o tres meses. La Santa Infancia podrá ayudarme por su lado bajo vuestra dirección, para seguir manteniendo esta buena obra. Es el camino del cielo para estos desgraciados niños. Murmuro también un poco contra la manera un tanto tiránica con que este buen padre pretende encarcelarme aquí. Mientras lo permite mi salud y el gobierno no se opone, ¿por qué mis superiores no habrán de permitirme la libertad de circular cuando lo necesite? "¡Qué cabeza dura ese Damián!". Monseñor, conocéis mejor que nadie la situación que se me ha creado. Aún estoy dudando si exponérsela al superior general. Rogad por mí. Vuestro hijo sumiso.”[101]

155.- “Por una especial Providencia de Nuestro Señor que, durante su vida pública, dio señales de particular compasión para con los leprosos, mi camino, como sacerdote católico, fue trazado hacia Kalawao en mayo del año de Nuestro Señor 1873…”[102]

156. - “Como moría tanta gente, mi deber sacerdotal me ofrecía a menudo la ocasión de visitarlos en sus cabañas, y aunque mis exhortaciones se dirigían especialmente a los moribundos, llegaban a veces a los oídos de los pecadores públicos, quienes poco a poco fueron conociendo las consecuencias de su mala conducta y comenzaron a arrepentirse. La esperanza del perdón de un Salvador misericordioso comenzaba la reforma de sus vidas…”[103]

157. - “Gran bondad hacia todos, tierna caridad para con los necesitados, paternal compasión para los enfermos y los moribundos, junto a una sólida instrucción a mis oyentes, tal era el procedimiento constante del que me servía para introducir las buenas costumbres entre los leprosos…”[104]

158. - “Uno de los medios más eficaces para destruir la inmoralidad ha sido el permiso de poder casarse, concedido a los leprosos que no estaban ya vinculados por un matrimonio anterior. Muchos de ellos llevan una vida perfectamente buena. Declaro con gozo que, gracias a la benevolencia de la administración local, mi  ministerio, que parecía vano al principio, con el cuidado de la divina Providencia, ha sido coronado con un espléndido suceso, y que las grandes miserias mencionadas más arriba, casi no existen más… Kalawao, 17 marzo 1886, Fr. Damián, Sacerdote católico…”[105]

159. - “La terrible enfermedad que en este momento el Todopoderoso está permitiendo aparezca exteriormente, ya la esperaba desde que puse el pie en el asilo de los leprosos, hace ahora trece años. La he aceptado voluntariamente de antemano. Espero que, gracias a las numerosas oraciones, nuestro Señor me concederá las gracias necesarias para llevar mi cruz tras él, hasta nuestro Gólgota particular de Kalawao. Hasta el presente mi salud me permite seguir trabajando como de costumbre.”[106]

160. - “Reverenda hermana María Gabriela, no quiero convertirme en un mendigo que recoge dinero; le pido, sin embargo, que me dé la ayuda de sus fervientes oraciones y las de las hermanas y de vuestros conocidos. Déme, por favor, una parte de ellas, porque nuestro divino Salvador me ha llamado a hacer un camino muy penoso y quizá largo. No sólo mi propia salvación depende de mi perseverancia en su santo servicio, sino también la salvación de muchos de los desgraciados enfermos que son aquí compañeros de destierro.”[107]




[1] . Carta nr. 72, a su hermano P. Pánfilo. Kohala. Hawaii, 14 Julio 1872
[2] . Carta nr. 72, a su hermano P. Pánfilo. Kohala, Hawaii, 14 Julio 1872
[3] . Carta nr. 73, a su hermana Paulina. Kohala, Hawaii, 14 de Julio 1872
[4] . Carta nr. 73, a su hermana Paulina. Kohala, Hawaii, 14 de Julio 1872
[5] . Carta nr. 74, a sus padres. Kohala. Hawaii, Julio 1872
[6] . Carta nr. 80, al R.P. Modesto. Kalawao, Molokai,12 Mayo 1873
[7] . Carta nr. 81, al R.P. Modesto. Kalawao, 20 Mayo 1873
[8] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[9] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[10] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[11] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[12] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[13] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[14] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
[15] . Carta nr. 84, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, Leprosería, Agosto 1873
 [16]. Esta frase en el original está en flamenco.
[17] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[18] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[19] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[20] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[21] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[22]. “Nihil deest mihi”, en el original.
[23] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[24] . Carta nr. 85, a su hermano Pánfilo. Molokai, 25 Noviembre 1873
[25] . Carta nr. 86, a sus padres y hermanos. 25 Noviembre 1873
[26] . Carta nr. 88, al R.P. Modesto. Kalawao, 16 Marzo 1874
[27] . Carta nr. 93, al señor Arthur la Villadière Esq., Molokai, 11 Junio 1874
[28] . Carta nr. 102, al R.P. Gabriel Germain, Ecónomo. Molokai, 8 Diciembre 1874
[29] . Carta nr. 103, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 8 Diciembre 1874
[30] . Carta nr. 103, a su hermano P. Pánfilo. Molokai, 8 Diciembre 1874
[31] . Carta nr. 104, a su Familia. Molokai, 8 Diciembre 1874
[32] . Carta nr. 104, a su Familia. Molokai, 8 Diciembre 1874
[33] . Carta nr. 104, a su Familia. Molokai, 8 Diciembre 1874
[34] . Carta nr. 104, a su Familia. Molokai, 8 Diciembre 1874
[35] . Carta nr. 107, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, 17 Diciembre 1874
[36] . Carta nr. 110, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, 14 Marzo1876
[37] .  Carta nr. 110, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Molokai, 14 Marzo 1876
[38] . Carta nr. 112, a su hermano Pánfilo. Kalawao, 14 Marzo 1876
[39] . Carta nr. 113, a Juan de Veuster y Leonardo Peeters. Kalawao, Molokai, 15 Marzo 1876
[40] . Ibidem.
[41] . Ibidem.
[42] . Carta nr. 114, a su Familia, Kalawao, Molokai, 15 Marzo 1876
[43] . Carta nr. 114, a su Familia, Kalawao, Molokai, 15 Marzo 1876
[44] . Carta nr. 114, a su Familia, Kalawao, Molokai, 15 Marzo 1876
[45] . Carta nr. 118, a su Familia,. Molokai, Abril 1877
[46] . Carta nr. 118, a su Familia,. Molokai, Abril 1877
[47] . Carta nr. 121, al R.P. Modesto, provincial. Kalawao, 25 Febrero 1878
[48] . ‘Hasta  vernos en el  Paraíso’
[49] . Carta nr. 129, al R.P. Modesto, provincial. Kalawao, 21 Diciembre 1878
[50] . Carta nr. 131, al M.R.P. Marcelino Bousquet. Kalawao, 4 Febrero 1879
[51] . Carta nr. 132, a su hermano P. Pánfilo. Febrero 1879
[52] . Carta nr. 139, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai 31 Enero 1880
[53] . Carta nr. 139, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai 31 Enero 1880
[54] . Carta nr. 139, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai 31 Enero 1880
[55] . Carta nr. 139, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai 31 Enero 1880
[56] . Carta nr. 140, a su Familia. Kalawao, Molokai, 30-31 Enero 1880
[57] . Carta nr. 140, a su Familia. Kalawao, Molokai, 30-31 Enero 1880
[58] . Carta nr. 140, a su Familia. Kalawao, Molokai, 30-31 Enero 1880
[59] . Carta nr. 140, a su Familia. Kalawao, Molokai, 30-31 Enero 1880
[60] . Carta nr. 146, a la Princesa Regente Liliuokalani (hawaiana). Octubre 1881
[61] . Haciendo funciones de Superior provincial
[62] . Carta nr. 149, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 6 Diciembre 1881
[63] . Carta nr. 151. Parte de una carta a su hermano, 13 Diciembre 1881
[64] . Carta nr. 151. Parte de una carta a su hermano, 13 Diciembre 1881
[65] . Carta nr. 151. Parte de una carta a su hermano, 13 Diciembre 1881
[66] . Carta nr. 153, a Mgr. H. Köckemann, Obispo d’Olba, 31 Diciembre 1881
[67] . Carta nr. 154, a Mgr. H. Köckemann, Molokai, 15 Mayo 1882
[68] . Carta nr. 154, a Mgr. H. Köckemann, Molokai, 15 Mayo 1882
[69] . Carta nr. 154, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao,  31 Agosto 1882
[70] . Carta nr. 163, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai, 18 Enero 1883
[71] . ‘He acabado, basta.’
[72] . Carta nr. 163, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai, 18 Enero 1883
[73] . Carta nr. 163, a su hermano Pánfilo. Kalawao, Molokai, 18 Enero 1883
[74] . Carta nr. 165, a su Exc. Mgr. H. Köckemann. Kalawao, 22 Febrero 1883
[75] . Carta nr. 165, a su Exc. Mgr. H. Köckemann. Kalawao, 22 Febrero 1883
[76] . Carta nr. 167, a su Familia. Febrero 1883
[77] . Sus hermanos
[78] . Carta nr. 167, a su Familia. Febrero 1883
[79] . Carta nr. 169, a Mgr. H. Köckemann. Kalawao, 3 Abril 1883
[80] . Carta nr. 181, al R.P. Leonor. Kalawao, 22 Noviembre 1883
[81] . Carta nr. 182, a Mgr. H. Köckemann. Kalawao, 31 Diciembre 1883
[82] . Carta nr. 195, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 30 de enero 1885
[83] . Carta nr. 196, a su hermano Pánfilo, Kalawao, Molokai, 31 enero 1885
[84] . Carta nr. 196, a su hermano Pánfilo, Kalawao, Molokai, 31 enero 1885
[85] . Carta nr. 197, a su familia, Molokai, 2  febrero 1885
[86] . Carta nr. 197, a su familia, Molokai, 2  febrero 1885
[87] . Carta nr. 198, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 25 de febrero 1885
[88] . Carta nr. 198, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 25 de febrero 1885
[89] . Carta nr. 201, Extracto de una carta al P.Leonor Fouesnel
[90] . Carta nr. 202, a Charles Warren Stoddard. Kalawao, Molokai, 5 octubre 1885
[91] . Carta nr. 203, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 29 octubre 1885
[92] . Carta nr. 203, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 29 octubre 1885
[93] . Carta nr. 203, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 29octubre 1885
[94] . Original en hawaiano: ‘e kala mai’
[95] . Carta nr. 203, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 29octubre 1885
[96] . Carta nr. 203, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 29octubre 1885
[97] . Carta nr. 204, a su familia, Kalawao, Molokai, 25 noviembre 1885
[98] . Carta nr. 205, a su hermano Pánfilo, Kalawao, Molokai, 26 noviembre 1885
[99] . Carta nr. 205, a su hermano Pánfilo, Kalawao, Molokai, 26 noviembre 1885
[100] . Carta nr. 205, a su hermano Pánfilo, Kalawao, Molokai, 26 noviembre 1885
[101] . Carta nr. 207, a Mgr. H. Köckemann, Kalawao, 30 diciembre 1885
[102] . Nr. 209, RELACIÓN del P. Damián sobre la leprosería de Molokai, 17 marzo 1886
[103] . Nr. 209, RELACIÓN del P. Damián sobre la leprosería de Molokai, 17 marzo 1886
[104] . Nr. 209, RELACIÓN del P. Damián sobre la leprosería de Molokai, 17 marzo 1886
[105] . Nr. 209, RELACIÓN del P. Damián sobre la leprosería de Molokai, 17 marzo 1886
[106] . Carta nr. 210, a Sor Marie-Gabrielle, Kalawao, 25 marzo 1886

[107] . Carta nr. 210, a Sor Marie-Gabrielle, Kalawao, 25 marzo 1886

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