martes, 18 de abril de 2017

7. Fichas para ayudar a discernir la Vocación ss.cc.

Pastoral Vocacional Sagrados Corazones.

Y ponerse en Camino, en movimiento, con preguntas, reflexión, oración y decisión. Sobre: qué quiero hacer con mi vida, para ser feliz. Qué quiere Dios para mí.
Bienvenidos, jóvenes y animadores. Como comisión de Pastoral Vocacional, esperamos ayudarles. Recuerda lo que dijo Jesús: “Busca y encontrarás.” Empecemos... Eso sí, hagámoslo bien.  Paso a paso. Desde la Congregación, con la Palabra de Dios y llegando a tu vida personal para que hagas una síntesis espiritual e iluminado con la Palabra de Dios. Feliz viaje al interior de ti.

“Jesús hace germinar la semilla… La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana…

Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

“Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.” Papa Francisco.
un saludo de la comisión de Pastoral Vocacional: serssc

Módulo 1.
1.1.    Damián, un Joven que acoge la llamada del Señor.
Querido Joven, tal vez sepas que soy Damián y desde hace unos años fui declarado santo (2009, me festejan el 10 de mayo, por el día que llegue donde los leprosos), pero te cuento que cuando niño y joven crecí como una persona normal de mi época, en una familia muy religiosa y de mucha fe.

Mis padres: Francisco de Veuster y Ana Catalina Wauters. Recuerdo que mi madre nos hacía rezar todos los días, nos leía la vida de los santos, nos llevaban a misa. Tuve 8 hermanos: Eugenia, Constanza, Leoncio, Gerardo, Paulina, Augusto (Pánfilo), José(yo) y María, la última, que murió a los 4 años. Dos de ellas se hicieron religiosas de las hermanas Ursulinas y mi hermano Pánfilo ingresó a los Sagrados Corazones.

Nací un 3 de enero de 1840 en Bélgica, hace muchos años, verdad. Después de los estudios primarios, cursados de los siete a los trece años, trabajé en la granja hasta los dieciocho años. Mi padre quería que yo me encargara del negocio familiar de granos, quería que aprenda francés (en mi país se hablan dos idiomas yo crecí en lado donde se habla Flamenco) y lo relacionado a los números…

Mientras estudiaba me llamó la atención cada vez más, la vida de mi hermano Pánfilo, que estaba en la comunidad de los Sagrados Corazones. Y no solo eso, sino que entendí que Dios me invitaba a mí también, un predicador me hizo pensar mucho en mi vida. Le escribí a mi padre y le conté lo de mi Vocación, que era diferente a los planes que él tenía para mí. Él mismo me acompañaba al convento, de los Sagrados Corazones, -eso me gustó mucho-, era día 3 de enero de 1859, cumplía los 19.

Te cuento que todo lo que aprendí me ayudó mucho, cuando fui a Hawái como misionero: las matemáticas me sirvieron mucho para ser organizado con las cuentas y la administración, pues, recibí muchas donaciones para mis queridos leprosos. En el colegio, además, me enseñaron, carpintería y con eso construía templos, casas para mis leprosos y, ataúdes para enterrarlos, pues como misionero tocaba ser creativo y todo terreno. Pero la primera noche cuando llegué, recuerdo que dormí debajo de un árbol, en Molokai.

Te cuento algo más, cuando ingresé a los Sagrados Corazones, pensaban que yo no podría cumplir con todos los estudios, no era seguro que aprenda todo y, no me iban a dejar ser sacerdote y creía que solo podría ser un hermano colaborador. Pero, luché por lo que veía era el llamado de Dios a ser misionero y me puse a estudiar fuertemente y con la ayuda de Dios lo logré y mi hermano. No te achicopales por los obstáculos, sigue, sé valiente.

Sé que podrás leer muchas cosas sobre mí, o ver alguna película, o leer mis cartas, pues escribí muchas y conocer lo que Dios hizo en mi vida. Sabes, fui muy feliz, en los sagrados corazones.
Te invito a que busques lo que Dios quiere para ti. Hazlo con honestidad, con tranquilidad, con fe, pues dijo Jesús: “el que busca, encuentra”. Ve, Paso a paso y bien hecho. Por ahora te dejo un par preguntas y te invito a seguir unos módulos que te ayudarán.

* ¿Qué quieren tus padres para ti, sabes algo de eso, no solo por lo que te dicen, sino por lo que te muestran, por lo que te invitan, por lo que te niegan o previenen?, es bueno que reflexiones en esto. Es bonito que descubras los sueños de ellos sobre ti, eso te ayudará a que formes los tuyos, no importa si coinciden o no… (escribe la Rta):
* Y luego reflexiona, ¿qué quieres para tu vida, acuérdate cuando eras más pequeño y que ha ido pasando hasta hoy? Detente con calma y piensa qué buscas, no solo con las palabras y las ideas. Compara en que gastas tu tiempo, como orientas cada día y que sueños tienes. No los pierdas de vista, pues la esperanza es la que guía la vida. Y escribe que sueñas para ti en el futuro. Ponlo en manos de Dios. No te molestes, tampoco si no tienes las cosas claras. Sigue buscando, con paciencia y no desfallezcas… (escribe la Rta) ………….

Por eso, mis hermanos de los Sagrados Corazones, de la comisión de Pastoral Vocacional, te proponen otras fichas, unas desde la biblia para que veas la forma de actuar Dios, en la vida de algunas personas y reflexiones en tu propia existencia. Como Samuel, verás que es bueno que alguien te ayude a escuchar la voz de Dios. Y te presentan otro material para que veas tu vida personal. Y en oración y reflexión vayas avanzando.

Buen trabajo, gózalo, por eso te decíamos: ve mar adentro, no te quedes parado, ni acostado en el sofá, es una aventura muy chévere, que solo sabrás lo fantástica que es si la vives. Animo, confía en Dios que te habla en la conciencia, en el corazón.
Tu amigo, Damián ss.cc.

La respuesta de San Damián y la nuestra a Jesús.
Damián, tú oíste la llamada
y, como el Cristo,
diste tu vida
a favor de los pobres
y de tus hermanos más abandonados.

Abre nuestro corazón a la miseria del mundo
para que, siguiendo tu ejemplo,
podamos acoger
a todos aquellos y aquellas
que hoy están excluidos;
que puedan así descubrir algo del amor
de aquel que es su Padre y nuestro Padre
por los siglos de los siglos.

Damián, tú eras como cualquiera de nosotros
hasta el día en que, a través de los acontecimientos,
oíste la llamada de Jesús:
amarle hasta el final
en la persona de tus hermanas y hermanos leprosos.

Ayúdanos a crecer
hasta el día en que, también en nosotros,
la llamada resuene...
Enséñanos a distinguirla
entre los otros ruidos del mundo...
Enséñanos a dar lo mejor de nosotros mismos,
el amor que nos lleva a besar al leproso
que el Señor Jesús nos pone en el camino.

 “Me encuentro muy feliz aquí; y aunque hay mucha pobreza y miseria, Dios bondadoso se digna darme también muchos consuelos que yo nunca me había esperado… Mi mayor felicidad es servir al Señor en estos pobres hijos enfermos, rechazados por los demás hombres. Me esfuerzo por llevarlos a todos por el camino del cielo.” P. Damián. 

1.2.        Profeta Samuel, un niño que tiene que aprender a escuchar.
La narración nos transporta al santuario de Siló donde estaba el arca de la alianza y donde ardía la lámpara de Dios, símbolos ambos de la presencia callada de Dios. La llamada del niño Samuel sucede en un lugar santo. Después de tres intentos fracasados, debido a la falta de experiencia previa de la palabra de Dios por parte del niño, la guía experimentada del anciano Elí ayuda a discernir la voz de Dios. Samuel, con la docilidad y disponibilidad típicas de la edad juvenil, se ofrece al ministerio que se le pide con prontitud y decisión: Habla, que tu siervo escucha.

El mensaje que tiene que no es nada fácil: de condena contra la familia de Elí, el anciano que le ha acogido y le ha enseñado a discernir la palabra de Dios. Elí, sin embargo, es suficientemente honesto y maduro como para aceptar la crítica divina. No queda cerrado a un mensaje puntual contra la dinastía de Elí, sino que llegará a ser el profeta de todo Israel, el instrumento por medio del cual el Señor hace oír su palabra a todo el pueblo.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel. Hasta tres veces el Señor llama a Samuel. Se trata de una llamada insistente durante un largo proceso. Esta reiteración también quiere decir que la llamada es de verdad, así como también es sincera la disponibilidad de Samuel. A la tercera Elí entiende que es el Señor quien llama a Samuel. El texto nos hace pensar en tres cosas: a. Elí no se precipita en el discernimiento, no piensa enseguida que Dios llama al niño, o, por lo menos, no lo dice. Espera. Y hace esperar. Sólo ante la insistencia comprende que es Dios quien habla. b. Da a Samuel un consejo aparentemente sencillo: “Responde: "Habla, Señor, que tu siervo escucha.” Se supone que Elí tenía experiencia de la llamada de Dios, y de cómo adoptar ante ella una actitud de disponibilidad sincera. En esta breve oración resume su experiencia. c. Y un consejo que demuestra también generosidad: el niño es del Señor, tiene que estar al servicio del Señor, no de Elí, el maestro.

1 Samuel 3,1-10. “El niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a done estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo escucha."» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, que tu siervo escucha.»
Después de la lectura, te preguntas: ¿Qué me dice el texto a mí? El Señor se nos muestra en el silencio y en “el espacio sagrado”. La presencia del Señor es callada, humilde y cálida, como una lámpara encendida. Necesitamos “el espacio sagrado”. ¡Es muy importante! Hay que buscarlo: sólo así estaremos atentos a tu llamada en cada momento. Descubro unas llamadas que puedo expresar en forma de oración: Dame, Señor, sabiduría en el discernimiento, pero también tranquilidad, calma, no precipitación, capacidad de dedicarle tiempo.

Habla, Señor, que tu siervo escucha. Ayúdame a mantener siempre esta disposición a escuchar tu Palabra. Tengo que dedicar más tiempo a repetir esta oración: “Habla...”. Es una oración breve, pero tiene que ir acompañada de un largo espacio de calma, de silencio interior. Y eso es lo que cuesta. ¡Cuánto tiempo perdido en agitación inútil, cuántas oraciones rápidas y llenas de palabras, que sólo hacen que impedir escuchar la Voz que llama! Pienso en la oración de Jesús, a solas contigo, Padre. ¿No sería, quizá, algo de este estilo? “Habla...”.

¿Tienes suficiente disponibilidad para ponerte en camino? ¿Te concedes espacio y tiempo sagrados? ¿Qué llamadas de Dios resuenan en este momento de tu vida? ¿Cómo las recibes? ¿Qué personas conoces que viven en proceso de respuesta a una llamada, como Samuel?

1.3.        Moisés, Tenía un proyecto y Dios le presenta uno nuevo.

Moisés era un hebreo nacido en Egipto, su madre Yokabed para liberarlo de la orden del Faraón de matar a los niños varones, hijos de mujeres hebreas, lo colocó en un cesto sobre el río Nilo. La hija del faraón lo recogió y lo crió en el palacio, buscó una nodriza, que resultó ser la misma madre de él. Moisés no estaba de acuerdo con la opresión que Egipto aplicaba sobre el pueblo de Israel, lo que lo llevó a asesinar a un egipcio y a salir huyendo hacia el desierto donde se puso a trabajar como pastor y se unió con Séfora, hija de Jetró. En el desierto Dios se le manifiesta y toma conciencia de sus limitaciones para cumplir la misión, esto lo hace descubrir a un Dios que todo lo puede y que es Cercano, que le cambia sus planes de vida.

Dios llama a Moisés para liberar a su pueblo, tiene temores y limitaciones (Ex 4, 10-17), puso un obstáculo (Ex 3, 11) como nosotros con frecuencia lo hacemos. Moisés, como cada día, llevaba a las ovejas a pastar, esa vez se decidió llegar hasta el monte Horeb. Fue Dios quien le habló, no fue Moisés que fue con la intención de “ser llamado, dentro de las actividades normales. Es ahí donde Dios se manifiesta, pero también depende de que nosotros queramos escuchar la voz de Dios, de subir a la montaña de Dios, ir más allá.

Dios habló en una zarza, que ardía, pero no se consumía. Cuando escuchamos la voz de Dios, nuestro corazón arde, es llenado por un fuego que quema, pero no ‘destruye’, va edificando nuestro corazón. Dios llamó a Moisés por su nombre. Dios nos conoce, TE LLAMA A TI, no a otros, no llama a un montón.

Éxodo 3. 1-7,10,12. 4.1-3. “Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés dijo: - Voy a acercarme a mirar este espectáculo tan admirable: cómo es que no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: - Moisés, Moisés. Respondió él: - Aquí estoy. Dijo Dios: No te acerques. Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: - Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara temeroso de mirar a Dios. El Señor le dijo: - He visto la opresión de mi pueblo en Egipto. Y ahora, anda, que te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas. Moisés replicó: -¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas de Egipto? Respondió Dios: - Yo estoy contigo... Moisés replicó: - ¿Y si no me creen ni me hacen caso, y dicen que no se me ha aparecido el Señor? El Señor le preguntó: -¿Qué tienes en la mano? Contestó: - Un bastón. Dios le dijo: - Tíralo al suelo. Lo tiró y se convirtió en serpiente.”

Cuando le decimos a Dios, aquí estoy, o heme aquí, como le dijo Moisés, Él nos invita a descalzarnos, a despojarnos. Reconocemos la grandeza de Dios y nuestra pequeñez. Cuando Dios llamó a Moisés, lo llamó para una misión. Dios vio la realidad de su pueblo: eran esclavos, era un pueblo que sufría. Y Dios, le encomienda liberar a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Dios, HOY, ve la realidad de su Iglesia, de su Pueblo, o de alguna situación particular, y te llama a ti para anunciar la Buena Nueva, a través de un carisma específico, como lo es de los Sagrados Corazones, al estilo de San Damián de Molokai, o en el camino que Dios tenga para ti.

Qué lindo es el sueño que Dios tiene con cada uno de nosotros. Su voluntad, es nuestra felicidad. Nosotros también tratamos de ocultarnos en nuestras limitaciones, en nuestras obligaciones adquiridas, etc., a nosotros también nos da miedo asumir ciertas responsabilidades porque comprometerse siempre da miedo. La única seguridad que nos debe acompañar es la fidelidad de Aquel que nos llama y nos envía.

¿Sientes que Dios te llama a ti, como oyes su voz día a día, como puedes prestar más atención? ¿Te invita Dios a dar un giro a tu vida, a salir de la zona de confort?

1.4.    Mi historia personal y familiar
Querido joven: Tienes en tus manos un material que te permitirá hacer un primer recorrido por los principales momentos y actitudes de tu vida. Ha de hacerse con la conciencia de que ante lo que eres es preciso que te quites las sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada. Te proponemos este ejercicio porque mirar hacia atrás siempre es una oportunidad para crecer, para sanar posibles heridas, para conocernos más profundamente, para afirmarnos en nuestra identidad como personas, como hijos de Dios.

Por tanto, estás ante un camino que no es fácil, pero sí muy importante para ti, para tu autoconocimiento y necesario para hacer un discernimiento de la Vocación a la que has sido llamado. Para ello necesitas un lugar donde estés a solas contigo mismo en silencio, requieres el tiempo suficiente para recordar, para organizar y poner por escrito lo que se te pregunta. Aborda los temas desde ti mismo, teniendo en cuenta las cosas más relevantes, las que consideras que debes profundizar. Reflexiona en las preguntas que te ofrecemos, tal vez te sirva tomar algunos apuntes y luego de manera creativa y a tu modo realiza tu presentación Personal, donde cuentes tu vida cuando niño, tu familia, tu entorno donde viviste, tus estudios. Después veremos otras dimensiones de tu vida. Que realices un buen viaje.

Infancia: Trata de recordar pon por escrito cuáles han sido los recuerdos de tu niñez más importantes: temores, fantasías, juegos, peleas, personas que más te quisieron, personas que te hirieron, dificultades mayores que te marcaron en tu forma de ser. Te consideras: ¿amistoso, o, silencioso y solitario? ¿Tus gustos, fobias, expectativas?
Formación: Describe cuáles son los estudios que has realizado y dónde. ¿Cómo asumías tus labores académicas, qué fue lo más difícil
Tu salud: ¿Cómo ha sido tu salud en general? ¿Consideras que eres un joven que cuida su salud o eres descuidado contigo mismo? ¿Qué has aprendido de tus enfermedades, si las has tenido o en algún familiar?
Sueños más relevantes: ¿Cuál ha sido tu sueño más importante en tu vida? ¿Qué has hecho para realizarlo? ¿Qué es lo que más te gusta hacer y qué es lo que más te disgusta? ¿Tus sueños coinciden con los sueños de tu familia?
Tu familia: Tus padres: ¿Quiénes son? ¿Vives con ellos? Edad, ¿qué hacen? Trata de describir cuáles son las características de cada uno de ellos y cuáles de ellas han influido más en tu vida.
Tus hermanos: ¿Cuántos son? ¿Qué lugar ocupas en ellos? ¿Cuáles son sus principales características? ¿Cómo te relacionas con tus hermanos?
Ambiente: Describe de manera sencilla cómo era la vida de tu familia cuando eras pequeño. ¿Cómo era la relación que había entre tu papá y mamá, cercanos, muy exigentes? ¿Cuáles fueron los principales conflictos que viviste en tu familia, cuáles eran las principales virtudes? ¿Cómo afecta tu vida el ambiente en el que vives, campo o ciudad? ¿Cuáles son los principales valores que aprendiste en tu casa? ¿Qué es lo que más te ha marcado de tu familia y ambiente, en tu infancia?
1.5 Síntesis Módulo 1: Como a Jeremías. Dios te llamó a ti, desde siempre, sigue buscando su voluntad.

La vocación de Jeremías responde bien al paradigma o modelo, de vocaciones proféticas. La palabra que en hebreo designa ordinariamente el profeta es nabî, es decir “llamado. Aquí encontramos los elementos de la manifestación divina – las fórmulas de misión – la objeción por parte de la persona – la confirmación con la fórmula “yo estoy contigo” – un signo de la intervención divina.

Dios piensa en Jeremías antes de que nazca. Lo que más subraya el texto es la acción de Dios (tres verbos en primera persona: te he formado, elegido, consagrado) y el sujeto que se beneficia de esa acción de Dios (cuatro veces la forma pronominal "te"). Sin embargo, al final se rompe la relación yo-tú para abrirse a los otros, a todos los pueblos. Jeremías, al que se ha definido con frecuencia como el profeta de la intimidad, nos dice desde el principio que no ha sido elegido para "gozar de Dios" sino para entregarse a los demás. Y el modo de esa entrega será el de un profeta, el de una persona que habla en nombre de Dios.

La objeción que pone el profeta es su dificultad con la palabra, unas veces será encargado de discutir y denunciar, otras veces encargado de consolar y edificar. Suscitará reacciones diversas. Será, además, uno de los grandes profetas perseguidos por su propio pueblo. Por eso en los versos finales, Dios exhorta al profeta a la perseverancia y a la firmeza frente a la dificultad y la contestación. Lo conoce íntimamente, como nadie jamás lo puede conocer; sabe cómo es y qué puede esperar de él. Y por eso lo consagra como profeta: Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré.

Jeremías 1,4-10.17-19 “Recibí esta palabra del Señor: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.» Yo repuse: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.» El Señor me contestó: «No digas: “Soy un muchacho”, que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. 8No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor. El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: «Mira: yo pongo mis palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar. (...) Cíñete los lomos, ponte en pie diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país; frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor.”

Jeremías siente miedo, por la grandeza de su misión, para la que se considera inadecuado. Como Moisés, aduce que no sabe hablar, y añade un argumento de mayor peso, su edad tan joven. Al exponer su objeción, Jeremías se había quedado en su problema personal, prescindiendo de los intereses de Dios y de las necesidades ajenas. Ahora el Señor restablece la relación yo-tú-ellos, la única que justifica una vocación. En cualquier caso, la misión de Jeremías implica la destrucción de lo antiguo y la creación de algo nuevo. No es una vocación para el inmovilismo, para conservar lo anterior. En una época de crisis, Dios va a pronunciar una palabra importante, que no cabe en moldes antiguos.

Me pregunto si yo he sido llamado a anunciar el amor de Dios a los jóvenes, a las familias..., especialmente a los más pobres; ser profeta del amor de Dios. Releo mi historia, en ella encuentro las huellas de Dios. ¿Qué signos reconozco, en el “aquí y ahora” de mi vida, de la presencia de Dios, de su llamada, de la misión a la que me empuja? ¿Cuáles son mis miedos, mis limitaciones, mis excusas, mis “enemigos”? ¿Cómo los puedo superar?





Módulo 2.

2.1. Damián, en dos momentos de acoger la voluntad de Dios.
Hola, querido amigo, ya nos conocemos mejor. Sé que has realizado un bonito trabajo con la palabra de Dios y sobre tu vida.
En esta ocasión, te comparto, dos grandes momentos en mi historia personal. Mi vida dio dos giros importantes, en los que Dios me llamó a ser generoso y me lancé, con plena confianza en Dios.

* El primero, lo puedo llamar, “voy en tu lugar”. Como les dije, mi hermano (Augusto) Pánfilo, entró a los Sagrados Corazones un poco antes que yo. Él era muy, muy, inteligente, fue quien me ayudó a nivelarme con el latín, estuvimos juntos en Lovaina, en Bélgica, cuando yo era novicio y profeso, cerca de donde nacimos y crecimos…
Los superiores le habían dicho a mi hermano, que estaba recién ordenado sacerdote, que vaya como misionero a Hawái, pero resulta que se enfermó de tifo. El boleto estaba comprado, todo estaba listo. Te cuento, que yo quería ser misionero. En la capilla le pedía a Dios que me hiciera ferviente y entregado como Francisco Javier, (como él me tomé una foto, teniendo a Cristo en mi pecho, cuando me despedía, hasta siempre, de mi madre, de mi país, cuando tenía unos 23 años). Dios me escuchó, pues pasó algo inusual, yo era un estudiante, pero hice algo intrépido, le escribí al superior general, pidiendo ir en lugar de mi hermano Pánfilo y me fue concedido. ¡Qué alegría! A preparar maletas, la misión me esperaba.

Llegué a Hawái, el día de San José, el 19 de marzo, luego de un viaje de varios meses, en barco. Terminé mi formación, hice los votos perpetuos para pertenecer para siempre a los SS.CC a cuyo servicio quería vivir y morir; me dieron el diaconado y la ordenación sacerdotal, fui párroco. Me dediqué a las misiones en las islas con las gentes, unos eran católicos, otros protestantes y otros de religiones nativas. Tenía todas las ganas de servir, hacía largos recorridos a pie y en caballo. Construí, capillas, visité a los enfermos, di catequesis, y todo lo que realizaba un religioso joven de mi tiempo.  

* El segundo momento, clave de mi vida, fue este. Un día en la reunión de los misioneros de los Sagrados Corazones, que estábamos a cargo de muchas parroquias en islas Hawayanas, dice nuestro hermano obispo: que se presenta una realidad muy difícil con la enfermedad de la lepra, que se está extendiendo rápidamente. Por esa razón, a los afectados los atrapaban para llevarlos a un lugar, maldito en ese momento, a Molokai, un pedazo de isla, que era como una cárcel, para que mueran y no contagien a otros. Ante esta invitación, levanté la mano sin dudarlo.

Era el primer voluntario, la idea era tener una rotación, pero me quedé para siempre hasta morir como uno de ellos. No olvido que llegué un 10 de mayo de 1873 y mi primera noche, como te dije, fue debajo de un árbol, no había nada más. Me dediqué a servirlos a todos en lo espiritual y lo material, de la religión que fueran. Aprendí a ser enfermero, tuve que ser constructor de casas y capillas, teníamos un lugar para los niños nacidos allí, todos sin la enfermedad, también nuestra banda musical. Todo cambió, salíamos en los periódicos, recibimos ayudas hasta de personas y lugares no imaginados. Pero también, fui criticado, incomprendido por otros. Me tocó estar mucho tiempo solo como sacerdote, etc. Aprendí, en la Congregación, a algo maravilloso, y, con el tiempo y las nuevas experiencias, se fortaleció mejor: es que, en la eucaristía y la Adoración, encontré a Dios, su fuerza y la inspiración. Muchas veces, lo dije y escribí, que esto sostenía mi vida y la de todo seguidor del Señor: “sin la presencia continua de nuestro divino Maestro en el sagrario de mis pobres capillas, jamás habría podido perseverar compartiendo mi destino con los leprosos de Molokai”.

Siempre tuve contacto por cartas, con mi hermano y mi familia, y otros integrantes de la Congregación, con gente que me ayudó; por eso te podrás enterar un poco como era mi vida. Con mi hermano Pánfilo, siempre estuvimos unidos. Él fue un gran profesor y formador con los hermanos SS.CC., y yo, un misionero feliz. Dios nos puso a cada uno el lugar indicado, en medio de las circunstancias que te conté.

¿Hay momentos claves en tu vida, donde Dios le da un giro? (escribe la Rta) …

2.2. María, joven generosa que acoge a Dios. Ficha. incondicionalmente.

Los evangelios sólo aportan, respecto a María, los datos fundamentales y algunas anécdotas. Consta que antes y después del nacimiento de Jesús vivió en Nazaret, pequeña ciudad de Galilea, y que, según la ley, estuvo casada con el artesano José, de la familia de David, huyeron a Egipto porque Herodes buscaba al niño para darle muerte. María acompañó a Jesús durante su ministerio de un lugar a otro, junto con otras las mujeres. María estuvo al pie de la cruz y fue testigo de la resurrección, luego está junto con los doce apóstoles a la espera del Espíritu Santo.

La llamada de María es única, tal como aparece en la escena de la anunciación. Su llamada a ser la madre del Mesías, el Hijo de Dios, es un paso crucial en la historia de la salvación. El saludo del ángel a María como la ‘’llena de Gracia’’, subraya la elección divina de María en orden a una misión específica. La segunda parte del saludo del ángel tiene igualmente un tono vocacional: ‘’el Señor está contigo’’. La respuesta demuestra una disponibilidad total de una joven adolescente.

Evangelio según San Lucas 1, 26-38. "Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue". 


La llamada a María a ser madre del Mesías conlleva una relación especial con Jesús. Ella creyó todo lo que se le había dicho sobre su hijo. ‘’Feliz la que ha creído’’ (Lc 1,45). La experiencia vocacional de María supone, así mismo, una especial relación con el Espíritu Santo. El mensaje del ángel subraya claramente la intervención del Espíritu en el nacimiento de Jesús. Será a través de la acción del Espíritu como María concebirá y dará a luz al Hijo de Dios. De este modo, la humilde aceptación de su misión y la gozosa cooperación a la acción del Espíritu por parte de María, constituye para ella una consagración por este mismo Espíritu de santidad.

“María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.” “María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió "sí" al plan de Dios para su vida (cfr. Lc 1, 38). Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo… es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual." Papa Francisco.

Te proponemos ir al templo ante Jesús, eucaristía, en el Santísimo, en adoración, en silencio hagas oración con María, para que veas las grandezas de Dios en tu vida. (Si estás muy lejos de un templo, busca un lugar apropiado y silencioso para tu oración).
Oremos: María, tú has escuchado en tu corazón, generoso y humilde: ayúdanos a no tener miedo de poner nuestros pies en el camino que el Señor nos abre por delante, aunque nos parezca arriesgado y lleno de incógnitas. Haz que nuestra experiencia del amor de Dios sea más fuerte que el miedo y que no nos haga mezquinos y cobardes en el momento de seguir a Jesús por el camino de la vocación a la que Él nos quiera llamar.

Del miedo al ridículo. Sácanos, Madre. Del miedo al compromiso estable. Sácanos, Madre. Del miedo a ser cristiano. Sácanos, Madre. Del miedo a sufrir por el evangelio. Sácanos, Madre. Del miedo a equivocarnos. Sácanos, Madre. Del miedo a los que no creen en Dios. Sácanos, Madre. Del miedo al qué dirán. Sácanos, Madre. Del miedo a tomar decisiones. Sácanos, Madre. Del miedo a fracasar. Sácanos, Madre. Del miedo a poner en Dios la confianza. Sácanos, Madre. Del miedo a la Palabra de Dios. Sácanos, Madre… Relee el evangelio Lucas 1, 26-38.

Padre santo y misericordioso que llamas siempre a tus hijos con la fuerza y la dulzura del amor, destruye la dureza de nuestro orgullo y crea en nosotros un corazón nuevo, como el corazón de la Virgen María, capaz de escuchar tu Palabra, que es tu Hijo de acogerla en nuestra vida y de anunciarla a todos los hombres colaborando con tu Hijo que es Dios y vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén. Hay muchas canciones dedicadas a ella, tal vez alguna pueda ser tu invitada en la oración. Dulce muchacha humilde de Palestina. A vos para ser su madre Dios te Eligió. Y cuando desde el cielo te mandó un ángel. Para pedir tu consentimiento, vos le dijiste tu esclava soy. Por eso voy a darte mi corazón. y cantando repetiré tu nombre maría de Nazaret.


2.3. Pedro, sobre ti edificaré mi iglesia, confianza en un pecador.
¿Qué fue de su vida? ¿Qué fin tuvo aquel pescador galileo, convocado personalmente por Jesús para el proyecto más fantástico de la historia, que tuvo el privilegio de verlo, tocarlo, estar a solas con él, escuchar las enseñanzas de su propia boca? Ignoramos cuándo conoció Pedro a Jesús, como ignoramos otros detalles de su vida. Sabemos que había nacido en Betsaida, pueblito ubicado tres kilómetros al norte del lago de Galilea. Siendo ya adulto se trasladó con su familia a Cafarnaún, para dedicarse a la pesca con su hermano Andrés. Estaba casado, y su suegra vivía en la casa de él.

Ahora bien, ¿cómo haría sucedido realmente el encuentro entre Pedro y Jesús? Probablemente los hechos fueron así: cuando Jesús se hizo bautizar por Juan el Bautista en el río Jordán, conoció a Andrés y a Pedro que eran discípulos de éste, y allí hicieron amistad (como dice el Cuarto Evangelio). Más tarde Jesús abandonó a Juan y se marchó a Galilea, donde inició su propia actividad como predicador. Al principio actuó solo, pero más tarde quiso formar un grupo de discípulos. Mientras tanto, Pedro y Andrés habían retornado a su profesión de pescadores en el lago de Galilea, y allí fue cuando los llamó Jesús (como dice Marcos).

Pero sí sabemos que a Pedro le llevó toda una vida conocer al Señor. Con enojos, malentendidos, negaciones, caídas, infidelidades. Pero el pescador galileo no se amedrentó, y lo siguió hasta el final. Sabía que se había embarcado en una aventura sin retorno, sin añorar lo que había dejado, sin mirar atrás. Y amó a Jesús con tanta devoción, que terminó dando la vida por él de la manera más cruel.

Sabemos que se llamaba Simón, y que Jesús le puso Pedro (o Cefas, en arameo). Pero ¿cuándo sucedió esto? Mateo es el que cuenta la versión más conocida. En cierta oportunidad Jesús preguntó a los apóstoles que opinaban de él, y Simón contestó: "Tú eres el Mesías", y Jesús le contestó: "Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16, 13-20). En efecto, aparece en todos los evangelios como el vocero y el representante de los demás. Así, es él el que pregunta el significado de las parábolas difíciles. El que quiere saber cuántas veces hay que perdonar. El que averigua sobre la recompensa que les dará Jesús por haberlo seguido. El que confiesa que Jesús es el Mesías. El que promete al Señor que los Doce no lo abandonarán. El que hace el audaz pedido de caminar sobre las aguas una noche de tormenta, pero también el que lo niega y pide perdón…

El hombre que se convirtió en roca. El apóstol más conocido de Jesús es ciertamente Pedro. Sin embargo, los evangelios cuentan muy poco de él.

Lo llamó para: “los haré pescadores de hombres", lo asoció inmediatamente a su actividad misionera "desde ahora serás", con lo cual se entiende mejor por qué Pedro lo deja todo en aquel mismo momento. Jesús responde con una salida ingeniosa; si hasta ahora se ha dedicado a pescar peces, desde ahora su tarea será la de pescador de hombres. Pescar hombres no significa atraparlos, sino animarlos con la persona de Jesucristo y en su misión de anunciar la palabra de Dios a la gente.

Lucas, 5,1-11 “Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

El centro está en la palabra-promesa de Jesús a Simón-Pedro quien postrado ante él se reconoció pecador. Pedro y sus dos compañeros dejan todo y siguen a Jesús. Valga notar que este texto acentúa la iniciativa de Jesús en cada una de las tres escenas, poniendo de relieve en cada caso el poder de su palabra; tiene como finalidad infundirnos coraje para el servicio apostólico, no obstante, todas las dificultades externas o internas que puedan presentarse; no se fundamenta ni en la capacidad de los apóstoles ni en la buena voluntad de la gente a la cual ellos son enviados, sino solamente se apoya en el encargo misionero y en el poder del Señor. La misión no se apoya tanto en las cualidades personales de los misioneros por muy grandes que puedan ser, sino ante todo en la “Palabra” del Señor.

El servicio de Simón (y el de todo apóstol de Jesucristo) permanecerá siempre ligado a estas experiencias fundamentales y no podrá nunca ser independiente o autónomo. No hay que recordarle a Jesús que el vocacionado es un pecador, Él ya lo sabe. El mismo Simón Pedro se estrellará con su propio pecado y llorará por él amargamente. Lo más importante es que Jesús puso a su servicio a este pecador, que ha orado por él y que le ha dirigido su mirada misericordiosa. Así, Simón no realizará su servicio con base en sus propias fuerzas sino a partir de la confianza en (y de) Jesús. En fin, la vocación solamente puede ser asumida “en su Palabra”. “En tu Palabra echaré las redes” (v.5).

San Juan evangelista, (Jn 1, 35-39) nos ofrece otra versión, de la vocación de Pedro. Para él, el hecho no sucedió a orillas del lago de Galilea, como en los demás evangelios, sino en la localidad de Betania, al sudeste del país, a orillas del río Jordán. Y no fue Jesús el que salió al encuentro de los hermanos pescadores, sino que éstos fueron en busca de él.

El relato del Cuarto Evangelio enfoca la vocación de Pedro desde una nueva perspectiva. Según él, el encuentro entre Jesús y Pedro no se produjo de manera directa sino a través de una cadena: primero Juan el Bautista se lo presentó a Andrés, y luego Andrés se lo presentó a Pedro. Además, no fue un encuentro imponente (como en Marcos) ni maravilloso (como en Lucas), sino absolutamente ordinario y común.

De ese modo, este evangelista destaca cómo es posible encontrarse con el Señor a través de las causas más triviales de cada día. Que la vocación no consiste en un golpe emotivo y conmovedor, que lo deja a uno prácticamente sin otra opción, como puede ser el presenciar un hecho milagroso o un acontecimiento impresionante, sino que la invitación ha seguido es una llamada libre e inesperada, que se presenta camuflada en los avatares más insospechados de cada día.

Jesús me dice no tengas miedo: Mi propia experiencia cristiana me dice que también he tenido a menudo las mismas dificultades que los discípulos: el miedo a no tener suficientes fuerzas o a no estar a la altura de este don que Dios me da. Pero gracias a él he vuelto a comenzar, a calar la red, a reemprender el camino de seguir a Jesucristo.
Escribe tu respuesta personal, al testimonio de Pedro, que le dice a tu vida.

2.4. Pablo, cambio de vida para ponerse al servicio pleno de Jesús.

San Pablo insiste mucho en que fue algo inesperado, algo que le cambió todos sus planes, de forma que habla de antes y después de este encuentro. Su encuentro con Cristo en el camino de Damasco es la fuente de toda su predicación y teología. Ha recorrido el Mediterráneo sufriendo la persecución, enfrentando los peligros de los viajes, trabajando sin temer el cansancio. Estaba orgulloso de predicar el Evangelio allí donde ninguno lo había hecho antes que él.

Pablo habría nacido en Tarso. Sus padres emigraron en esta ciudad, quizás deportados por los romanos. Una vez liberados, recibieron la ciudadanía que transmitieron a Pablo. Sabemos también que tenía una hermana y un sobrino. De una familia que hoy llamaríamos “practicante”, que observa la ley de Moisés y habla arameo. Pablo se presenta también como fariseo, estos eran conocidos por su apego a la ley de Moisés, pero también a la ley oral.

Pablo crece en la ciudad de Tarso, capital de Cecilia, actualmente en Turquía. Esta ciudad también es muy conocida como un centro importante para la educación y la filosofía. Esta ciudad era grande y rica. Ubicada sobre una de los caminos más frecuentados del mundo antiguo, la puerta hacia el Asia menor, era muy renombrada por la calidad de sus linos.

Se llamaba Saúl o Saulo, como el primer rey israelita; pero más tarde cambió su nombre pasó a ser «Pablo» (Paulus, el Pequeño) con el que se le conoce. Fariseo celoso, llamado por Jesús, a lo que él ha respondido con fidelidad.

«Ya conocéis mi conducta anterior en el judaísmo, cómo perseguía con fuerza a la iglesia de Dios y la asolaba. Y aventajaba en el judaísmo a muchos de los contemporáneos de mi pueblo, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo, para que lo predicara entre los gentiles...» Gálatas 1, 13ss. «todas las cosas que eran para mí ganancia (fariseísmo, ley...), las consideré pérdida por Cristo. Ciertamente, las considero todas como pérdida, a causa de la excelencia del conocimiento de Jesucristo, mi Señor, por el cual todas las cosas se me han vuelto pérdida y las considero como estiércol en orden a ganar a Cristo...» (Flp 2, 7-9).

Perseguía a los cristianos porque veneraban a un Mesías crucificado (un buen cristo no puede haber muerto de ese modo) y porque tenían un mensaje universal (destruyendo el valor del judaísmo como pueblo aparte, elegido y distinto). Pues bien, en un momento determinado, por un cambio interior muy profundo, Pablo vio que Dios mismo se revela precisamente a través del mismo Cristo que él estaba persiguiendo. Él no quería escuchar lo que ha escuchado y ver lo que ha visto, al menos en un sentido externo. Él había comenzaba queriendo otra cosa, pero Dios le ha mostrado un rostro diferente en Cristo.

Hechos de los apóstoles 22, 3-16. "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero me he criado en esta ciudad y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres. Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora. Perseguí a muerte a los que seguían este Camino, llevando encadenados a la prisión a hombres y mujeres; el Sumo Sacerdote y el Consejo de los ancianos son testigos de esto. Ellos mismos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y yo me dirigí allá con el propósito de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara en esa ciudad, para que fueran castigados. En el camino y al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía del cielo brilló de pronto a mi alrededor. Caí en tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Le respondí: "¿Quién eres, Señor?", y la voz me dijo: "Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues". Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo le pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me dijo: "Levántate y ve a Damasco donde se te dirá lo que debes hacer".

Esta conversión equivale a un nuevo nacimiento. Aquel evento trae una novedad radical. Pablo había quedado ciego por la revelación de Cristo. El bautismo le restituye la vista (Hch 9,18), un símbolo muy fuerte. Todo el pensamiento de Pablo se basa en esta experiencia. Es la revelación de la transformación profunda del mundo realizada por Cristo resucitado. Pablo insiste en sus escritos sobre la distinción entre el viejo mundo y el nuevo mundo. Ha vivido esta diferencia en su carne.

Pablo ha interpretado su experiencia de Jesús a la luz de los testigos anteriores (Pedro, los Doce...) y, sobre todo, a la luz de todos los apóstoles entre los que se incluye. No comienza de la nada, sino que se introduce en un camino que ya existía, en un camino donde él también ha encontrado al Cristo, culminando la lista de apariciones anteriores.

Pero Pablo no se siente uno más. Sabe que Jesús le ha encargado una misión y tiene que cumplirla, «Pues quien ha actuado en Pedro, para hacerle apóstol de los judíos ha actuado también en mí, para hacerme apóstol de los gentiles» (Gal 2, 8). Hay que anunciar su misterio a todos los pueblos, para que lo conozcan y lo acepten; ser conocido por Jesús, eso es la plenitud de la resurrección. Todos los que creen en Jesús son de esa manera Iglesia. Su caridad, que arde en el corazón del Apóstol, lo conducirá hasta España (Rm 15,24), el extremo conocido por el mundo de aquel tiempo.
Reflexiona sobre tu encuentro con Jesús el Cristo, quién es el para ti, qué lugar ocupa en tu vida, quieres unirte más a él.
Concepto de sí mismo: En pocas palabras describe cómo eres tú. ¿Cómo te perciben las personas más cercanas a ti? ¿Estás satisfecho con tu manera de ser y actuar? ¿Qué te gustaría cambiar ¿Hay partes de cuerpo que no aceptas, así como son? ¿Has sentido frustración en algún momento de tu vida? ¿Por qué?
Tus emociones: ¿Te sientes amado, eres capaz de amar a otros, de entregarte? ¿Te sientes aceptado en tu casa? Normalmente ¿de qué manera expresas tu alegría y tu tristeza?  Cuando sientes molestia ¿lo dices o te lo callas para evitar los conflictos? ¿Qué es lo que menos logras aceptar de los demás? ¿sabes alejarte y poner distancia de lo que te hace mal? Conoces y aceptas tu identidad personal y sexual.

Tus relaciones afectivas: amistad y noviazgo. ¿Quiénes han sido tus mejores amigos? ¿Te han conocido profundamente? ¿Qué has aprendido de ellos? ¿Quiénes son las personas a quienes más has querido y quién son las que más te han querido a ti, sabes cuidar del otro, comunicarte, aceptarlo, respetarlo?
Dice el Papa Francisco: “El noviazgo tiene que ver con la confianza, la familiaridad, la confiabilidad... El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un trabajo bello sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va en profundidad. Se descubre poco a poco el uno al otro, es decir, el hombre ‘aprende’ acerca de la mujer de esta mujer, su novia; y la mujer ‘aprende’ acerca del hombre de este hombre, su novio. No subestimemos la importancia de este aprendizaje …” ¿Te has enamorado? ¿Cómo fue la relación, que aprendiste? Te han utilizado, has utilizado a otras personas.

2.6.  Sintesis. Desde Emaús. ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? 

“Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» Papa Francisco.

Lucas 24, 13-34. “Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?" Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!"
"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!"

Haz una reflexión personal y en oración, sintiendo la presencia de Jesús, como con los discípulos de Emaús, veas los grandes (y pequeños) acontecimientos de tu vida, donde Dios te ha tocado el corazón. Si quieres ver el canto, el peregrino de Emaús:


Módulo 3

3.1. El Fundador de la Congregación ss.cc. Pedro Coudrin.  Escondido en un granero y llamado a salir sin temor. En Jesús lo encontré todo.

1 de marzo de 1768. Nace en Coussay-les-Bois: Coussay es entonces un pueblo de 1400 habitantes, que se encuentra a cincuenta kms. al noreste de la ciudad de Poitiers, capital de esa región del Poitou, en Francia.
4 de marzo de 1792. Se ordena sacerdote:  Acaba de cumplir 24 años. Toma esa decisión y las que le preceden como camino de preparación al sacerdocio, precisamente en un momento en el que está en plena ebullición  la Revolución Francesa.
De mayo al 20 de octubre de 1792. Cinco largos meses en un granero: Desde que entra para evitar el riesgo de ser detenido hasta cuando sale del granero del castillo de la Motte d´Usseau.  “... Fue allí donde un día, encerrado en mi granero, después de haber dicho misa, vi lo que ahora somos. Me pareció que estábamos muchos reunidos juntos, que formábamos un grupo grande de misioneros que debíamos llevar el Evangelio a todas partes...Mientras pensaba, pues, en esta sociedad de misioneros, me vino también la idea de una sociedad de mujeres...Este deseo de formar una sociedad que llevase a todos la fe no me abandonó ya nunca....”. Es la experiencia espiritual cumbre que va a marcar su vida como Fundador.
20 de octubre de 1792.  Sale del granero y se convierte en apóstol clandestino en medio del régimen del Terror: “Cuando salí, me prosterné al pie de una encina que había no lejos de la casa, y entregué mi vida. Porque me había hecho sacerdote con la intención de sufrirlo todo, de sacrificarme por Dios, y de morir si fuera necesario para su servicio... Sin embargo, tenía un cierto presentimiento de que me salvaría ...”.  A partir de este momento, Poitiers y sus alrededores se convierten en el escenario de una actividad apostólica que le sitúa constantemente al borde del peligro y en riesgo continuo para su vida.
Noviembre de 1794. Encuentro con Enriqueta Aymer:  En ese mes de noviembre tiene lugar el primer encuentro entre el joven sacerdote, Pedro Coudrin, y la joven Enriqueta Aymer, los Fundadores con el paso del tiempo de la Congregación de los SS.CC. Enriqueta oye un sermón suyo y toma la decisión de que en adelante será su confesor. Pedro Coudrin desarrollaba una intensa tarea de dirección espiritual y tenía relación con la Asociación del Sagrado Corazón, a la que pertenecían algunas de sus dirigidas. Enriqueta Aymer ingresará en esa Asociación.
24 de diciembre de 1800. La noche de Nochebuena nace la Congregación: Después de unos años de poner, paso a paso, los cimientos para realizar el sueño descrito en la “visión” de la Motte, en la Navidad de 1800 los Fundadores hacen sus votos. Es el nacimiento de la Congregación.
27 de marzo de 1837, en la casa de Picpus, en París: Muerte del BUEN PADRE:   Muere cuanto tiene 69 años. Llega así al término de una vida muy movida y extraordinariamente fecunda, al servicio de la Congregación de los ss.cc. y de varias diócesis de Francia.

Tengo que presentarme, ante ti querido joven. Soy Pedro Coudrín, Dios me hizo ser el fundador de los Sagrados Corazones. Nací en Francia, en los tiempos de la revolución, una época muy agitada. Soy de un pueblo pequeño. Dios me llamó a ser sacerdote y mi ordenación tocó hacerla a escondidas. A todos los católicos nos perseguían, muchos se fueron del país, otros seguimos clandestinamente, pero no era fácil. Visitaba a los enfermos y demás familias en medio del miedo y la esperanza en Dios. Conocí a la que después fue mi compañera (Enriqueta) en la fundación de la Congregación de los Sagrados Corazones, que fue encarcelada por su fe. Nos hicimos amigos y hermanos en el Señor, compartimos la Adoración al Señor Jesús. Y sabes me di cuenta que es lindo vivir de la Providencia de Dios, él nos cuida y guía.

Pero por ahora solo te voy a contar un hecho que marcó mi vida (y quizá la tuya). Las cosas se pusieron tan complicadas que, aunque yo andaba disfrazado para que no me identifiquen, me tuve que encerar unos meses, en una propiedad en el campo, de unos familiares míos. Era un lugar muy pequeño y nadie podía enterarse de mi presencia, tenía que estar siempre allí, oculto, orando, meditando, en la misa para mí solo y siempre con Jesús.

Pasó algo muy especial, un 20 de octubre. Leía la vida del santo del día, que era “San Caprasio que fue el obispo de Agen. Cuando su rebaño se dispersó durante la persecución, de los romanos, él siguió administrando los sacramentos en los sitios en que los fieles se hallaban escondidos. Oculto en una colina Caprasio presenció el martirio de Santa Fe y descendió al sitio en que yacía el cadáver de la mártir y se enfrentó al prefecto romano Daciano. Cuando éste le preguntó quién era, Caprasio sólo dijo que un obispo. Daciano, le prometió el favor imperial si renunciaba o renegaba de la fe, lo que no aceptó. El prefecto mandó a los verdugos que le torturasen; dio orden de conducirle a la prisión. Al día siguiente le condenó a muerte. En el camino al sitio de la ejecución Caprasio encontró a su madre, quien le exhortó a permanecer firme en la fe. Primo, Feliciano y Alberta, hermanos de Santa Fe, se unieron al mártir, y el gobernador no con siguió que se apartasen de él; entonces los condujo al templo de Diana para darles una última oportunidad de adorar a los dioses; como se rehusasen a ello, fueron decapitados con Caprasio.”

En mi escondite y en unas circunstancias tan parecidas, me vi invitado a hacer lo mismo. Y le ofrecí a Dios dar mi vida, si fuera necesario, se la consagré una vez más, fue como volver a nacer. Confiando en la Providencia de Dios que siempre me cuidó en medio de ese mundo tan convulsionado nació la Congregación de los sagrados Corazones. Las cosas no fueron fáciles, pero Dios nos llevó de su mano.

* Quiero invitarte a que veas en tu vida, ¿cuál es tu encierro, cuales tus miedos, tus oscuridades? ¿Cuándo Dios te ha invitado a confiar en él, a ponerte en sus manos? Ojalá que hagas unas buenas jornadas, si te es posible, de oración Adoración ante Jesús eucaristía en el Sagrario, o al menos tengas momentos fuertes de oración en silencio y contemplación, para que pongos en manos de Dios tu vida.  

(escribe la Rta) ………….

Te aliento a seguir conociéndote a ti y a la congregación para que acojas lo que Dios quiere para ti.

3.2. Jesús y la comunidad de discípulos para anunciar el Reino de Dios.

Jesús no vivió solo, muy al inicio los evangelios, nos muestran que él es un misionero del Padre Dios.  “En la inminente elección de los Doce Apóstoles, por ejemplo, Lucas destaca la duración de la oración preparatoria de Jesús: "En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles". Observando la oración de Jesús, deben surgirnos diversas preguntas: ¿Cómo rezo yo? ¿Cómo rezamos nosotros? ¿Qué tiempo dedicamos a la relación con Dios? ¿Es suficiente la educación y formación a la oración actualmente? ¿Quién nos puede enseñar? [...] Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla, es un arte que se aprende practicándolo con constancia. Ciertamente, la oración es un don que exige, sin embargo, el ser acogido; es una obra de Dios, pero que exige compromiso y continuidad por nuestra parte, sobre todo la continuidad y la constancia son importantes.” Benedicto XVI. Este camino de buscar lo que Dios quiere para ti, ya ves se hace con oración.

Jesús, elige una comunidad de discípulos para que ellos sean también signo del Reino de Dios que ya está en medio de todos, donde se vive en un solo corazón y una sola alma. Los llamó por su nombre… y los envía… yo estaré siempre con ellos hasta el fin del mundo…

““Si alguno quiere venir en pos de mí” (Lc 9,23b). La decisión de seguir a Jesús, que parte de un acto profundo de libertad del discípulo (“Si alguno quiere…”), implica un andar siempre en su ruta. A quien responde se le piden tres actitudes: (1) “Niéguese a sí mismo”. Es ante todo ser capaces de decirle “no” a lo que no es coherente con la opción por Jesús y que generalmente proviene de sí mismo y de las propias ambiciones, para vivir al estilo de la Cruz. Esto supone un continuo “discernimiento de espíritus”. Esto no será cosa de un día sino de siempre, como se verá enseguida. (2) “Tome su cruz cada día”. Literalmente es tomar la propia cruz y cargarla hasta el lugar de la ejecución. Por lo tanto, en principio es estar preparados para morir por crucifixión. Pero el sentido de la frase de Jesús va más allá: al describir la acción de los ya condenados yendo al patíbulo para la ejecución, Jesús invita a cada discípulo a colocarse en el lugar del que ya está condenado a muerte. Y esto no se hace un día sino siempre: se trata del nuevo impulso de vida característico del Reino de Dios. La frase “cada día”, acentúa la necesidad de una renovación diaria de esta actitud.

(3) “Sígame” (9,23e). La idea de fondo es: “y de esta manera síganme”. La palabra nos remite a esta frase que aparece en el punto de partida del discipulado: “dejándolo todo, le siguieron”. Con las actitudes anteriores el discípulo irá siempre detrás de Maestro haciendo todo lo que Él hace. Y el discípulo que toma la Cruz ya está haciendo lo que Jesús hace porque “Todo (discípulo) que esté bien formado será como su Maestro”

El sentido de la vocación del discípulo (Lc 9,24) Para comprender mejor no hay como los paralelos. Jesús finalmente coloca en contraposición dos tipos de personas: (1) Hay personas que desean preservar su vida (“Quien quiera salvar su vida…”): están ante todo preocupadas por ellas mismas, por su exclusiva felicidad, siendo capaces incluso de dejar a otra persona de lado con tal de no sacrificar los propios sueños; éste es el trasfondo de muchas situaciones de pecado. Pues bien, Jesús dice que la persona que desee preservar su manera de vivir evitando cualquier sacrificio, la autonegación para optar por los valores del evangelio, esquivando el martirio, “perderá su vida”, o sea, quizás gozará por un rato, pero no alcanzará la plenitud de la vida, e incluso se la habrá negado a otros.

(2) Hay personas que están bien dispuestas para perder generosamente su vida (“Quien pierda su vida por mí…”), es decir, que han descubierto a Jesús y “por” Él se la juegan toda, porque sólo desean vivir según los valores de su evangelio, el mayor de todos: el amor de la Cruz, que es vivir radicalmente en función de los demás.
Estas personas, paradójicamente preservan la vida. A través de la experiencia del “perder” (el “darse”) será salvada su vida en un sentido profundo porque ha alcanzado la identidad con el Maestro y con Él recorre el camino que verdaderamente conduce a la gloria. No hay que olvidar que hay una causa: la pérdida es por causa de Jesús, por lealtad personal a Jesús. Esta lealtad no se quedará sin la contraparte en el tiempo final: “ése salvará su vida”.” P. Fidel Oñoro C.

¿Dónde serviré más y mejor a Dios y a los hermanos y podré contribuir así al crecimiento del Reino? Esta pregunta nos debe marcar a todos. A medida que pasa nuestra vida, se hace cada vez más intensa nuestra necesidad de orientar nuestra existencia de una manera estable eligiendo un estado de vida. La búsqueda de la propia vocación requiere, en efecto, un trabajo incesante y particular: conocernos a nosotros mismos, nuestras cualidades y aspiraciones; descubrir las señales a través de las cuales Dios nos llama en nuestra propia vida; dejarnos acompañar serena, confiada e inteligentemente por alguien que nos ayude.

Meditación del Papa Francisco: “Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con Él y sumirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros tratamos de seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con El en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don de Él y a los otros.” 

¿Estás dispuesto a seguir a Jesús a ser su discípulo, quieres aprender del Maestro, que es Camino, Verdad y vida? Si puedes buscar el canto: JESÚS ESTOY AQUÍ. Jesús estoy aquí, Jesús qué esperas de mí, mis manos están vacías, que puedo ofrecerte, solo sé que quiero, ser diferente.
Jesús estoy aquí, Jesús qué esperas de mí, mis ojos temen al mirarte, quisiera poder enfrentarte. Amar como tú amas, Sentir como tú sientes, Mirar a través de tus ojos... Jesús... Jesús que quieres de mí: www.youtube.com/watch?v=hHTsg4zrz94
El Joven Galileo: Sandy Caldera, www.youtube.com/watch?v=bzzc5FddUok

3.3. TU EXPERIENCIA DE FE:
1 Juan 4:16 “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.”
Historia personal: ¿Cómo se relacionaba tu familia con Dios? ¿Qué logras ver de él en tu historia familiar? ¿Qué personas fueron importantes en tu experiencia de fe y por qué razón lo fueron? ¿Hubo personas en tu familia o en tu historia que perjudicaron tu relación con Dios? Te has encontrado con el amor de Jesús en tu vida, tienes fe en él.
Participación en la comunidad eclesial: Describe cómo ha sido tu relación con la comunidad eclesial (parroquia, grupo o movimiento) a la que has pertenecido o si no la has tenido mira por qué.
Tu vida espiritual: ¿Cuál ha sido tu principal experiencia de fe en Dios que te haya marcado en tu forma de ser? ¿Tienes algún hábito de oración, de leer la Biblia? ¿con qué frecuencia participas de la Eucaristía y del sacramento de la confesión? ¿cuál es el sueño de país que tienes? ¿Has tenido experiencia de servir al prójimo viendo en él a Jesús? ¿Sabes confiar en Dios?
3.4. Presencia SS.CC. en Colombia. Inicios con Adalberto Vanfrachem.
Soy Adalberto, nací en Lovaina, Bélgica en 1908, fui ordenado sacerdote en 1935 y en 1959 zarpé primero al Perú y desde allí a Colombia donde llegué en 1962, era un poco mayor. El punto de llegada fue Bogotá, luego vinieron otros sacerdotes y pudimos extendernos en diferentes lugares, como Cali, Cartago y Medellín. Al estilo de Damián y del llamado del Fundador, en lugares pobres, por eso construimos además del templo para la parroquia, una escuela, un dispensario médico, un teatro para el arte y la recreación.  

Tuve un accidente trágico, 5 de febrero de 1971, mientras realizaba unas reparaciones en el techo del templo de parroquia de María Reina, en la ciudad de la eterna primavera. Mi hermano, que era también misionero estaba allí confesando a la gente, me sepultaron en ese mismo lugar. Al principio llegaron sacerdotes de Bélgica, (pero sabes ahora ya nadie ingresa allá). Y desde los años ochenta se empezó la formación de los jóvenes Colombianos de los SS.CC. Ahora ellos llevan adelante esta obra de Dios y no solo eso, sino que están unidos con Ecuador y Perú.

3.5. Síntesis.

Jesús te dice: Ven y verás. Seguramente tendrás dudas y temores, es normal. Hay muchas maneras de seguir a Jesús para ser feliz. Formando una familia, teniendo una profesión, siendo sacerdote de una diócesis o siendo religioso como es nuestro caso de los Sagrados Corazones.

Te invitamos a que visites y conozcas a los hermanos de la Congregación. Que te tejes acompañar por Jesús y por ellos, para que veas el camino que Dios te invita a seguir. Te invitamos a que sigas el proceso. Sigue buscando, que hagas oración, que ayudes a los necesitados, que te vincules con tu parrouia, etc. Luego tendrás la oportunidad de participar de la Semana Vocacional, para que se haga la voluntad de Dios para tu vida, con otros jóvenes y con la ayuda de los hermanos ss.cc.

Juan 1, 38-43. “Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?" Ellos le respondieron: "Rabbí —que traducido significa Maestro—¿dónde vives?" "Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro. Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme”. 

¿Cuáles son tus inquietudes al respecto que caminos ves en tu vida…? ¿Tienes una decisión clara, necesitas más orientación, cómo está tu vida en lo que se refiere al llamado de Jesús?
(escribe la Rta) …………


Con detenimiento elabora una carta donde recojas ante todo tu relación y encuentro con Jesús y explicando tu situación vocacional, tus dudas y deseos de seguir siendo acompañado siempre buscando ser fiel a lo que Dios quiere para tu vida.

Oración: Padre me pongo en tus manos.
Autor: Charles de Foucauld.
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.

Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.


A los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Honor y Gloria. Amén. 

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